La política como profesión

Marta Allué

Los ciudadanos comenzamos a estar hastiados de inauguraciones, discursos políticos, presentación de candidaturas, promesas electorales, panfletos propagandísticos, etc, y todo ello a un mes vista del inicio oficial de la campaña electoral.

No sé a ustedes, pero a mí me da la sensación de que la clase política cree que los votantes tenemos mala memoria y “muy pocas luces”, y que por tanto, somos fácilmente manejables, y nos pueden vender sus logros y programas, envueltos en papel de celofán y con lazo rojo, porque, como los niños, nos quedaremos con el continente y no con el contenido.

Yo entiendo la política como una profesión muy respetable, de servicio al ciudadano y de trabajo social por encima de todo, que debe ser ejercida por personas honestas y trabajadoras, que antepondrán siempre ese bien común a intereses partidistas o individuales. Y entendida así, como un trabajo precioso y apasionante, pero como un trabajo eventual más, el político viviría la vuelta a su anterior oficio, con total normalidad democrática, y no como algo traumático.

Hoy en día para optar a un puesto de trabajo, son muchas las exigencias, a todos se nos pide una formación continua y un reciclado constante. ¿A un político que se le exige? Con buena presencia, capacidad de liderazgo o mínima oratoria no debería valer, pero resulta que para estar en política no necesitan un buen currículum, y lo que es mejor, en muchos casos pueden seguir ejerciendo el puesto, a pesar de que, tras cuatro, ocho, o doce años, su rendimiento haya sido escaso o nulo.

Esto en la empresa privada sería impensable, así que la consecuencia inmediata es el desprestigio de una profesión en la que, la valía de muchos, se puede resumir en tener un carné de afiliado, y haber luchado por estar en el momento adecuado, en el lugar adecuado y al lado del dirigente adecuado. Por eso en la política como en la guerra todo vale.

Comentarios