El "gran desconocido" Miguel Servet

Miguel Servet Villanueva de Sigena

Este año se cumple el quinto centenario del nacimiento de Miguel Servet en Villanueva de Sijena. Todos los estudiosos y apasionados de la biografía de este ilustre monegrino, que se movió con soltura por multitud de disciplinas, coinciden en que es realmente un “gran desconocido”. Ni se le estudia en los centros educativos como es debido, ni se le reconoce como lo que verdaderamente fue en su época; un profundo reformador universal, que en definitiva abogó por el libre pensamiento en un momento social de tremenda represión.

El homenaje a Servet en su quinto centenario pasó por Sariñena, donde pronunció una conferencia José Antonio Gascón, Consejero del Instituto de Estudios Sijenenses, quien defiende en primer lugar la denominación de Serveto frente a Servet. La diferencia es que Serveto es su apellido en español y Servet en francés, y es que mundialmente está reconocido como ciudadano de Francia, aunque nunca lo fue.

Parece ser que estuvo en Montearagón, donde se movía un gran ambiente cultural. Allí, el prior Juan de Quintana se percató de la genialidad de Serveto y de su facilidad y habilidad para manejarse con los idiomas. Así que se llevó al joven de 19 años como traductor en su viaje a Bolonia. Fue entonces cuando Serveto conoció otro mundo que le cautiva para desarrollar su ansia de cultura y de saber.

Se instala en Toulouse donde estudia Derecho, y allí es donde comienza la persecución hacia su persona porque encabeza un grupo de cuarenta personas en la Universidad que aboga por el libre pensamiento.

A los 20 años escribe su primer libro. Serveto comienza a ser discordante, disconforme con todo lo que le rodea. Y se sumerge en mundos complicados y farragosos, analizando temas como la Trinidad o el pecado original. Algo desde luego inconcebible en una persona tan joven. Al igual que polémica, teniendo en cuenta la ideología católica reinante.

José Antonio Gascón considera que le faltó cautela, porque Serveto no intuyó el peligro que corría siendo tan beligerante en los asuntos relacionados con la Iglesia. Fue perseguido por la Inquisición francesa y también por la española. Son famosas las cartas tan crueles que le escribió a Juan Calvino insultándole sin ningún reparo, y teniendo en cuenta de que se trataba de una persona con mucho poder, fue quien previsiblemente terminó con él.

Gascón habla de un trío de ases médicos españoles, comparando a Miguel Serveto con Severo Ochoa y Ramón y Cajal, quienes consiguieron un premio Nobel. Hay que tener en cuenta que en el caso de Serveto vivió tal solo 42 años y en su época no existía dicho reconocimiento. Los estudiosos de su historia, consideran que si hubiera vivido más, hubiera hecho más hallazgos.

Así que lo verdaderamente triste de su historia es que con el paso de los años su figura no sea reconocida como debiera. El consejero del Instituto de Estudios Sijenenses insiste en los pocos apoyos con que se cuenta para que esta injusticia deje de serlo.

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