Éxito del descenso de la nabata por el río Gállego

Este domingo, por tercera vez, una nabata de tres trampos descendía por las aguas bravas del río Gállego. Numerosas personas se acercaban a la playa de Murillo de Gállego para ver la finalización y la salida de la nabata. En ese tiempo miembros de la Asociación de Nabateros de la Galliguera han explicado el proceso de construcción de la nabata y las tradiciones ligadas a este oficio. Una actividad que se enmarca en la IX Jornadas del Río Gállego que continúan el fin de semana que viene.

Un año especial para esta asociación, dada la presión que se ejerce con el proyecto del pantano de Biscarrués que inundaría este tramo de aguas bravas en el que se desarrolla esta tradición y atractivo turístico. Recuerdan que una parte importante de los deportes de aguas bravas se desarrollan en esta zona, uno de los principales motores económicos de la comarca de la Hoya de Huesca.

La novedad, en esta ocasión, ha estado en la colocación de dos remeras traseras que se precisan para este tipo de nabata y tras, la colocación del palo del ropero, ha quedado finalizada la nabata. Un total de nueve navateros, ocho del río Gállego, entre ellos una mujer, y uno de la Asociación de Nabateros de Sobrarbe, era los encargados de conducir la nabata.

Durante el descenso varios piragüistas y una barca de los GEAS de la Guardia Civil han velado por la seguridad de los nueve nabateros. El abundante caudal ha facilitado el descenso, que continuaba sin contratiempos durante los seis kilómetros del recorrido por el río hasta su llegada al Puente de Hierro de Santa Eulalia de Gállego donde eran recibidos por el público con aplausos.

Desde la asociación resaltan la importancia del río Gállego como uno de los principales ríos nabateros de Aragón, ya que era el camino más directo a Zaragoza. Añaden que se ha encontrado documentación que muestra que la mayoría de la madera con la que están construidos los principales edificios de la ciudad descendía por sus aguas. También para la ciudad de Huesca, ya que la madera era transportada por el río hasta la era del Castillo de Ballestar donde era conducida con carros hasta la ciudad.

Este tránsito de madera se mantuvo probablemente hasta el año 1903 cuando la llegada del ferrocarril a Sabiñánigo cambió la forma de transportarla. La construcción del embalse de la Peña acabó definitivamente con esta posibilidad. Un siglo después este oficio se ha recuperado en las Jornadas del río Gállego.

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