Pequeñas cosas: El Método, en general

Se acerca el verano. Entran las prisas. El espejo tiene un serio problema con ella: sin depilar, sin tomar el sol y con su cuerpo serrano…está claro que ya empieza a padecer los síntomas. Los mismos síntomas que le van a llevar a asesorarse por sus amigas o por un libro o por un recorte de revista…menos por un médico, cualquier método será válido para un acercamiento rápido a esa figura que, nunca tuvo y que, por algún motivo piensa que puede salir de algún lugar de su actual silueta.

El método Dukan, la dieta disociada, la del adn, alcachofa, caldo, biomanán, agua o en casos extremos ayuno y se acabó. A estas alturas de la temporada si el espejo tiene un problema con usted, es fácil que decida asumir cualquiera de estos métodos.

Si es capaz y su cuerpo responde a uno de estos viajes por el mundo de la aniquilación de calorías, comprobará que el espejo empieza a darle respuestas más convincentes. Va a encontrarse a si misma entre las costillas y el esternón, con cuatro tallas menos y la ilusión de ponerse el vaquero que se compró en la luna de miel y que, siempre, aguardaba en el altillo del armario con la esperanza de volver a sentir sus costuras clavadas en el muslo.

El método, en general para adelgazar, debería de ser el sentido común: comer menos y quemar más. Pero como el sentido común es el menos común de los sentidos, estos días estamos todos mirándonos del derecho y del revés haciéndonos amigos del espejo, nuestro peor enemigo.

El método ideal, como la dieta ideal, no existen. No nos engañemos. Todo no vale. Y cuando le entre la depresión hipocalórica, eche un vistazo a los informativos y a los millones de seres que viven en este mismo planeta y que, si nos oyeran hablar de estos asuntos, nos veríamos obligados a buscar argumentos reales para explicarles por qué nos empeñamos en pasar hambre…a la fuerza.

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