Slow Food aboga por la diferenciación y los productos autóctonos en la alimentación

El movimiento Slow Food llega a la Feria de San Medardo de Benabarre. El taller del gusto será el encargado de continuar con el cambio de paradigma en la alimentación. Slow Food apuesta por la antítesis de la estandarización en la alimentación, que controla los productos consumidos en la sociedad. Intenta levantar una corriente humana que asocie la comida a sabores y emociones, que recupere el sentido del placer y la calidad, poniendo en valor los productos autóctonos.

Jorge Hernández, vicepresidente de Slow Food España, remarcaba la estandarización provocada por grandes empresas y multinacionales, que controlan nuestra alimentación. Apuntaba al empobrecimiento de la cocina hasta el punto de perjudicar la salud, y la necesidad de la diferenciación y la variedad, como la riqueza que da sentido a la vida; lo que según el movimiento se denomina “Terra Madre”, un mosaico de culturas y variedad, que empuja con fuerza, y da sentido real a la vida. En cuanto al tema del rechazo de los pepinos españoles por parte de Alemania, Hernández considera que es una excusa. Apela a la frustración del mundo de los sentidos y el malestar causado porque todo lo que se come es agua, desde el filete de ternera hormonado a las frutas y verduras insípidas.

Slow Food defiende la eco-gastronomía y la cocina de kilómetro cero; aquella que se abastece de productos existentes en un radio cercano, que busca las raíces. Hernández señalaba que se trata de un movimiento que no pretende la petrificación del mundo, pero de ahí, a la homogeneización, hay dos caminos muy distintos.

Hacía especial hincapié en la necesidad de luchar contra la monotonía, muy unida al origen de ciertas actitudes y hacía un llamamiento a aquellos que han experimentado durante siglos con diferentes productos, “que los disfruten, y sigan perdurando en el tiempo”, apostillaba.

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