Pequeñas cosas…Yoyó

Cristina Pérez Diego

Primer fin de semana de verano. Y ya lo dijo el experto de la Agencia Estatal de Meteorología: el arranque del verano va a tener un efecto “yoyó”.

Y, de repente, a muchos de nosotros se nos vino encima toda una infancia. ¿están conmigo en que el yoyó era un juguete especial?, y si es así ¿ cómo se lo explica usted a su hijo pequeño ahora?. Una cuerda, dos maderitas redondas pegadas por el centro y un cursillo acelerado en el recreo para hacer malabares con un yoyó. Allí empezaron las técnicas más variadas del “tuneo”, cromos de futbolistas, del colacao, de flores, pegatinas de las primeras elecciones democráticas….el yoyó, un balón de fútbol, cromos, canicas y una goma negra elástica para saltar….era todo lo que los críos de antes necesitaban para desterrar de su vocabulario el verbo “aburrir”.

La época del yoyó volvió muchos años después con luces incorporadas…pero ya no era lo mismo.

Sube y baja, sube y baja, la metáfora que ahora se adapta a todo: el tiempo, la economía, la política y hasta las dietas cuyo efecto más temido es ese precisamente: el efecto yoyó.

Intente llevar un yoyó a casa. Si su hijo tiene que dedicar más de una mañana a su aprendizaje, por la tarde lo encontrará tirado y olvidado en un rincón. Pruebe a llevarle la play station, la Wi, la PSP o el último móvil…en menos de media hora su hijo le podrá dar un cursillo acelerado de su funcionamiento.

Yo ya no sé si esto es bueno o malo. Pero todo va tan rápido y es todo tan deslumbrante que, probablemente, el sube y baja de un simple yoyó tiene que ser un auténtico rollo para los chavales de ahora.

Adiós yoyó. Si el yoyó no se puede interconectar por internet, si no tiene nada que hacer en el twenty y si no gana guerras virtuales, ni dispara, ni es motivo de conversación en un recreo,,,es que ha muerto definitivamente.

Pero, desde aquí, vaya el homenaje al yoyó. Y menos mal que tenemos una sociedad con tantos altibajos para que la palabra siga estando vigente.

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