Roy Glauber firma el libro de honor del consistorio benasqués

Roy Glauber Marí Luz Gabás

Durante estos días, Benasque cuenta con invitado de lujo como es Roy Glauber. El Premio Nobel de Física, galardonado el pasado 2005 por su colaboración en la teoría cuántica sobre la coherencia óptica, participa en uno de los congresos celebrados en el Centro de Ciencias Pedro Pascual de Benasque, “Quantum transport in dilute gases”. Un invitado de categoría que no podía pasar por la localidad sin firmar en el libro de honor del ayuntamiento.

Con una dedicatoria a la población, a sus gentes, al Centro de Ciencias y a su amigo, Pedro Pascual; el físico estadounidense dejaba constancia de su paso por la villa pirenaica en unas líneas que mostraban su agradecimiento y honor por la invitación brindada.

Desde la corporación municipal, la alcaldesa Luz Gabás, no tenía más que palabras de agradecimiento y bienvenida a una figura de tal proyección internacional.

El profesor de la Universidad de Harvard, en declaraciones a Radio Benasque, elogiaba la labor de España y del centro benasqués, adelantado a países como Estados Unidos, Francia o Alemania, en este ámbito, destacando la excelencia y el espíritu de un centro de reuniones de alto nivel como es el benasqués.

Alababa la localidad y los pueblos del valle, sorprendido, decía Glauber, por sus casas cubiertas totalmente de piedra. De igual manera comentaba la belleza de los Pirineos, en su primera estancia en la zona, y lo maravilloso del lugar.

Bajo el título, "Cómo obtener un Nobel, o del Proyecto Manhattan a  la  Gala de Estocolmo", el Premio Nobel daba un repaso que ha sido y es su vida y de cómo ha repercutido la obtención de un premio de estas magnitudes en su carrera, en una conferencia abierta al público que tenía lugar en la tarde de este jueves en el auditorio del centro científico.

Glauber aseguraba que el primer sorprendido al conocer que le concedían el Premio Nobel de Física fue él, porque son muchos los profesionales que trabajan en esta materia y no son reconocidos. Restándole importancia, Glauber achacaba este logro a un cúmulo de casualidades y circunstancias ajenas a su actividad, que eso sí, causaron en él una total perplejidad, al conocer la noticia.

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