Reflexiones sobre la actualidad de las Cortes de Aragón

Plácido Díez Bella.

Director Contenidos Cadena SER Aragón

De la comida de ayer en un cercano restaurante, referencia de la izquierda desde la dictadura, un restaurante de precios económicos que tiene un reservado con el nombre de "José Antonio Labordeta", "Casa Emilio", a escenificar esta tarde a lo grande en el Patio de los Naranjos del Palacio de la Aljafería el cambio de ciclo político.

Más de mil invitados, con Rajoy a la cabeza, en la toma de posesión de la primera presidenta de Aragón que comenzó con fuerza en el debate de investidura pero mostrando también sus debilidades, su falta de respuestas, ante las incisivas y acertadas preguntas de los portavoces de Chunta Aragonesista e Izquierda Unida.

¿Es de recibo que el presidente de las Cortes, árbitro imparcial, esté al frente de una Comisión bilateral de los Gobiernos de Aragón y de España?. Es decir, la misma persona presidirá la Comisión, en la que se tomarán decisiones de calado para la comunidad autónoma, y el Parlamento que debe vigilarlas y controlarlas.

Y, en todo caso y salvando los argumentos jurídicos, cómo se les explica esto a la inmensa mayoría de los ciudadanos que están reclamando una relación más verdadera, más auténtica, sin medias verdades, con sus representantes democráticos.

¿Por qué los sectores más dinámicos de la sociedad, los votantes urbanos, muchos de ellos jóvenes que tienen el futuro en sus manos, le han dado la espalda al Par?. Por cierto, que el presidente de las Cortes también tendrá explicar por qué continúa como presidente de la Fundación "Santa María" de Albarracín que administra fondos del Gobierno.

Creo que la comedida, rigurosa pero obediente, presidenta Rudi, resignada a ser exquisita con los proyectos señas de identidad del Par durante sus doce años de Gobierno, no ha medido bien las concesiones a su socio que pueden producirle un constante dolor de muelas, aunque el premio sea llevar en volandas a Rajoy a La Moncloa con la palanca aragonesista. Pero no al precio de hacer saltar por los aires a Montesquieu y a la división de poderes, la esencia de la democracia.

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