Pequeñas cosas…El chacachá del tren

Cristina Pérez Diego

Ahora si, ahora no. A principios del siglo pasado, un grupo de entusiastas empezaron a pensar en la posibilidad de unir el Pirineo con el ferrocarril. Cosas de locos de entonces. Pero como Francia y España, al final, se pusieron de acuerdo, la obra faraónica se llevó a cabo. El agua y los bosques se adaptaron para que el camino de hierro corriera por el valle español y francés y se levantó una estación fantástica . Y con la estación de Canfranc, se empezó a amueblar poco a poco el futuro de una tierra que, ya lo decía la prensa de ese inicio de siglo, estaba siempre olvidada y abandonada: Aragón.

La política de las cosas y las cosas de la política lograron décadas después de su puesta en marcha, poner una excusa para clausurar la línea: el descarrilamiento de un tren de mercancías. Desde entonces, a este lado de los Pirineos, las voces se quedaron afónicas de pedir la reapertura y Francia hacía oídos sordos. Ahora no. Ahora parece que Francia empieza a ver con buenos ojos esta línea que está desfasada, anticuada y que ha desaparecido bajo las raíces de una naturaleza, llena de fuerza, que se empeña en repoblar lo que hace décadas arrancaron los hombres.

Desde su puesta en marcha, la línea cumplió 42 años en funcionamiento y, ahora se cumplen 41 de su abandono. En total 83 años de historia que, como las grandes hazañas, surgen con una energía casi febril y mueren envueltas en polvo y malas hierbas.

Este fin de semana volvemos a escuchar el eco de una reivindicación eterna. En estos momentos nuestro país no está para muchas inversiones y, ahora, parece que Francia , quizá, estaría algo más dispuesto. El caso es que desde hace más de 80 años, en el Altoaragón, vivimos con el chacachá de fondo.

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