Pequeñas cosas…hermandad, amor y paz ¡¡quién los pillara!!

Cristina Pérez Diego

A finales de la década de los sesenta y, quizá, imbuidos por aquél espíritu de mayo del 68, con muchos paralelismos con los indignados de ahora, nacía el festival Folklórico de los Pirineos y, con él, un himno que declaraba a los cuatro vientos esta frase: “consigamos para el mundo: hermandad, amor y paz”. Incluso, es más, los actos de apertura y clausura de cada edición eran un canto a ese espíritu que el entonces alcalde de Jaca, Armando Abadía, se empeñaba en repetir los años impares en la perla del Pirineo mientras, Olorón, recogía el eco de este espíritu los años pares.

Una panda de locos románticos que, desde un frontón en la primera edición como escenario, se empeñaron en marcar la diferencia, romper barreras en los Pirineos y atraer la atención de medio mundo. Y lo consiguieron, consiguieron que países enfrentados por la religión o la política, encontraran en Jaca un territorio neutral donde la danza era lo único que levantaba pasiones.

Hermandad, amor y paz. Tres palabras difíciles de ubicar hoy en día en un mismo lugar, imposibles de convocar en un mismo territorio, inalcanzables con tanto conflicto político, moral y religioso en el horizonte.

Sin embargo, quienes tienen la responsabilidad de recoger este testigo décadas después, saben que en alguna claúsula no escrita del decálogo de la organización, está impreso el intento de lograr llevar a la práctica, aunque sea en un instante, estas tres palabras.

Ahora hay más festivales con este contenido; ahora la globalización nos acerca cada dos por tres a países recónditos que acuden a cualquier pueblo para actuar; ahora aprietas un botón e Internet te lo cuenta todo sobre el folklore. Vale. ¿Y?.

Este Festival Folklórico de los Pirineos ha sido capaz de aguantar, a este lado de la frontera, todos los envites y ha pasado de épocas de esplendor a temporadas a medio gas. Sin embargo, si usted sube a Jaca y pasea por sus calles y se deja llevar por la música y los danzantes, le aseguro que encontrará ese “no sé qué” que no hay campaña de marketing millonaria que sepa transmitir. Hermandad entre los países participantes, mucho amor por parte de los organizadores y una tierra pacífica para acogerles, ¿alguien da más?:

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