Alegría contenida en el Altoaragón tras el anuncio de ETA

Tras la noticia de la banda terrorista ETA del cese definitivo de la actividad armada, las reacciones y valoraciones no se han hecho esperar, tampoco en el Alto Aragón donde también ha quedado marcada la huella del horror y del sufrimiento causado a numerosas familias. A la alegría y satisfacción de muchos, se suma también el escepticismo de otros, siempre desde la prudencia, pendientes ahora de su disolución y de la entrega de las armas.

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Javier Garrido, hijo del Gobernador militar Rafael Garrido, asesinado en octubre de 1986 junto a su familia en un atentado en San Sebastián, se mostraba contento y convencido de que no va ha haber más muertes. Y pese a que no olvida, tampoco alberga odio. “La vida continúa, -dice-, y hay que mirar hacia delante, siempre que eso ayude a que no haya más sufrimiento”.

Para el subdelegado del Gobierno en Huesca, Ramón Zapatero, pese a ser una buena noticia, apelaba a la prudencia. No en vano, añade, las fuerzas de seguridad del Estado van a seguir trabajando, vigilantes.

Uno de los episodios más duros para la provincia de Huesca tenía lugar el 20 de agosto de 2000 en Sallent de Gállego. Ese día murieron dos jóvenes guardia civiles tras estallar la bomba colocada en el vehículo con el que salían a hacer su servicio. Los agentes eran Irene Fernández Pereda y José Ángel de Jesús Encinas. José Luis Sánchez era entonces el alcalde de la localidad.

El secretario de Estado de Infraestructuras, el oscense Víctor Morlán, valoraba la noticia como un hecho destacado e importante para la historia de la democracia en España, tras sucesivas treguas vulneradas por la banda terrorista. “Ahora, -dice-, es importante estar unidos, dando pasos sólidos y firmes hacia un camino de paz”.

La alcaldesa de Huesca, Ana Alós, recibía la noticia esperanzada y contenta, aunque no por ello se mostraba cauta, a la espera de la disolución de la banda. Un proceso en el que también se debe tener presente a todas las familias víctimas de ETA.

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