Huesca acoge la lectura de “Los sueños de Helena”, ilustrado por Isidro Ferrer

Isidro Ferrer

El establecimiento La Confianza era el escenario elegido para dar lectura al libro “Los sueños de Helena”, escrito por el uruguayo Eduardo Galeano, con ilustraciones del oscense Isidro Ferrer. A lo largo de su narrativa el autor ha ido escribiendo los sueños de Helena, su esposa. Este libro los reúne por primera vez en una edición en la que, de forma especial, Isidro Ferrer ha sabido interpretar con admirables composiciones toda la belleza de unas historias soñadas para soñadores de cualquier edad.

Y sin embargo todo un reto para este oscense, Premio Nacional de Diseño e Ilustración, cuya pretensión no era hacer algo concreto, sino trabajar con la misma materia de los sueños. Un trabajo que para Ferrer ha sido especial, a la vez que complicado, si bien el resultado ha satisfecho al escritor uruguayo por el que admite sentir una gran admiración.

"Los sueños de Helena", publicado por Libros del Zorro Rojo en España y Latinoamérica, es toda una obra de arte, en la que Ferrer ha creado composiciones para ilustrar cada sueño. En ellas conviven esculturas, collages y dibujos, ligados todos ellos por el mundo onírico. El libro aúna textos nuevos del escritor y otros que han ido apareciendo sueltos en algunos de sus títulos más emblemáticos, como "Memoria de fuego" (1982), "El libro de los abrazos (1989), "Las palabras andantes" (1993), "Bocas del tiempo" (2004) o "Espejos" (2008).

El libro está dedicado a su esposa Helena, pero también es un homenaje al artista uruguayo Joaquín Torres, el pintor constructivista, profesor y ensayista más reconocido en Uruguay y fallecido en 1949.

La crítica de este libro habla de sueños, profecías, bailes, sueños perdidos en una isla, en el aeropuerto, miedos, amores, besos, amigos, el exilio, Cortázar, Juana Inés de la Cruz, casas en el aire, casas de palabras, vuelos, nubes, hilos sin fin, la abuela ciega. Todo un material onírico que Eduardo Galeano ha hilvanado con su ingenio y su pluma y que Isidro Ferrer ha interpretado como si fuera un Freud de la ilustración.

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