Roda de Isábena no olvida a Erik el Belga

La madrugada del 6 al 7 de Diciembre de 1979, se perpetró, en la catedral de Roda de Isábena uno de los robos más espectaculares de la década de los 70. Su autor fue el Erik el Belga, uno de los más prolíficos ladrones de arte de Europa del siglo XX, que sustrajo del templo treinta valiosas obras de arte, entre ellas, la silla de San Ramón. Treinta y dos años después de aquello, Roda perdona pero no olvida al “gran mercenario de la belleza”.

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Los rotenses se despertaron aquella mañana del 7 de Diciembre, “heridos” porque, en Roda de Isábena, los vecinos sienten mucho amor por la catedral y su tradición artística, considerándola un referente en la Ribagorza

Jose Luis Pueyo, quien hasta hace unos meses era el párroco de Roda de Isábena, explicaba que, en aquel robo, Erik el Belga, sólo se llevó 30 obras de arte porque, en los vehículos utilizados, para el hurto, no cogían más piezas. De hecho, recordaba, los ladrones dejaron fuera imágenes y tallas románicas.

Cuadros, imágenes, tallas, u orfebrería, fueron algunas de las obras que formaron parte del botín de Erik el Belga, aunque, quizás lo que más dolió a los rotenses, y no olvidan, fue la desaparición de la silla de San Ramón por tratarse de una pieza única, del siglo IX, que Erik el Belga, troceó para poder sacarla de España. Hoy en día, se exhibe en la catedral y es una estructura de metacrilato, la que sustituye las partes que no pudieron ser recuperadas.

De las piezas que, con el paso de los años, se han podido recuperar, destaca el tríptico del calvario de San Juan, que apareció en Bélgica, donde también hay noticias del tapiz de la Anunciación. Pero restan otras, de las que desconoce su estado y destino, como tallas de la Virgen, báculos o los dos peines de marfil de San Ramón del siglo XII.

Dieciseis años después del robo, en 1.995, Erik el Belga, regresó a Roda de Isábena guiado, decía, “por el camino del corazón”, con la intención de donar unos cuadros para ayudar a la restauración del tríptico de San Miguel.

Treinta y dos años después sigue siendo una herida abierta, principalmente, en los vecinos más mayores, que siguen echando en cara a Erik el Belga que no colaborara más en la búsqueda y recuperación de las piezas. Perdón, como decía Jose Luis Pueyo, sí, pero ligado a la penitencia, como reparación o restauración del daño hecho, del que indicaba, en la catedral, queda todavía mucho por reparar.

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