Cinco días de otoño en la Ribagorza

El románico, la gastronomía, la naturaleza, el deporte, o el patrimonio, son sólo algunas de los atractivos que hacen de la Ribagorza, un destino ideal, en el que poder “perderse” durante un puente festivo.

Para quienes se sientan atraídos por la riqueza patrimonial de este territorio, es visita obligada, en el recorrido desde Graus hasta el norte de la comarca, la catedral de Roda de Isábena, la primera catedral románica de la península cuando, Roda, era capital de Condado de Ribagorza.

A orillas del río Isábena se encuentra el Monasterio de Obarra, complejo artístico del que se conserva la iglesia basilical, la ermita dedicada a San Pedro y los restos del claustro y el palacio episcopal.

Otras paradas ineludibles, Graus y Benabarre. En Graus, es de obligada visita, uno de sus espacios más monumentales, la Plaza de la Compañía, donde se concentran la iglesia de San Miguel, el convento de las Carmelitas o la antigua iglesia de los jesuitas, hoy, Espacio Pirineos.

Al final de la calle Mayor, el turista y visitante, se encuentra con la Plaza Mayor de Graus, a la que dan color la Casa Heredia, sede de la Comarca, Casa Barón, o Casa Bardaxí. Y paseando por calles medievales, el barrio del Barrichós, paso imprescindible, para llegar hasta la Basílica de la Peña, desde dónde admirar una magnífica panorámica de la capital Ribagorza a orillas del Ésera.

A veinte kilómetros, se localiza la capital cultural, Benabarre, por cierto, antigua capital del condado de La Ribagorza que recibe al turista con una imponente visión, desde lejos, de su castillo, cuyas obras de recuperación y rehabilitación concluían, recientemente.

Adentrarse en su casco histórico merece la pena por acercarse a la iglesia de Nuestra Señora de Valdeflores, recorrer las calles Mayor y de El Justicia, jalonadas de casas señoriales, hasta alcanzar la ermita de San Medardo, patrón de la localidad.

Además, el otoño es la estación que ofrece una visión diferente y cambiante del paisaje natural de la Ribagorza, de sus bosques de hayas que despliegan todo su colorido en espacios naturales protegidos la sierra Ferrera, la de Chía o de Sis.

Un paisaje, que los días templados y soleados invitan a recorrer en bicicleta, a través de las localidades y parajes del valle del Isábena, o puertos exigentes como el de Bonansa, Ampriú o Coll de Fadas y Espinas.

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