La Ribagorza, una de las comarcas con más pueblos deshabitados

Más de un centenar de núcleos se encuentran despoblados en la Comarca de la Ribagorza. Esta cifra, la sitúa como la segunda comarca altoaragonesa, después de Sobrarbe, con mayor número de pueblos deshabitados. A pesar de que en los últimos años quienes vivieron en ellos, sus descendientes o incluso personas ajenas estén volviendo a habitarlos, el número de habitantes por kilómetros cuadrado sigue siendo preocupante.

Son varias las causas que marcaron que, a mediados del siglo XX, en especial, entre los 50 y los 70, los pueblos ribagorzanos comenzasen a despoblarse y, aunque este éxodo afectó a gran parte de la comarca, la zona más afectada fue la de Montfalcó, la parte aragonesa del congosto de Montrebei.

Fueron muchos los factores que fomentaron la despoblación pero el principal, sin lugar a dudas, fue el desmoronamiento de la sociedad tradicional y de la montaña, marcado, en especial, por la caída del precio del ovino en el siglo pasado. Otros pequeños granos, como las malas comunicaciones o la falta de servicios, fueron los que crearon una gran montaña que llevó a cientos de personas a abandonar sus casas. Además, desde el régimen existente se propició el éxodo rural para contar con mano de obra en las grandes ciudades, donde comenzaba a tener un papel importante la industria.

En el caso de estas personas, muchas de ellas conservaron su patrimonio, es decir, casas y tierras. Pero también se debe tener en cuenta que en algunos casos, los menos, las expropiaciones forzaron la marcha de los habitantes, bien por la construcción de un pantano, en el menor de los casos pero, quizá, los más recordados, o para la reforestación contra la erosión del terreno.

José Luis Acín, autor de “Viaje a los pueblos deshabitados del Alto Aragón”, explica que, a día de hoy, en su opinión, sí que se está luchando para que cese la despoblación de nuestros pueblos, tratando de igual manera a todos los núcleos, independiente ente de sus habitantes.

Este hecho sumado a que, ya a finales de los 80, fueron muchos los que decidieron recuperar sus antiguas viviendas o que otros, los menos, tomasen la decisión de abandonar la ciudad para instalarse en un pueblo, junto al boom del turismo rural, han hecho que poco a poco, estos núcleos vuelvan a contar con habitantes, aunque no sea de forma permanente.