El Club Montisonense de Montaña recorre la Sierra de Guara occidental

Un grupo compuesto por 14 personas del Club Montisonense de Montaña realizó una ruta por la parte más occidental de la Sierra de Guara: Salto de Roldán, Santolarieta, Ermita de Ntra. Sña. De Ordás. Para explicar la experiencia, el club ha enviado una crónica en la que cuentan, con todo lujo de detalles, cómo fue la jornada, para la que contaron con un tiempo inmejorable.

Tocaba madrugar. A las 7 de la mañana salieron hacia Huesca. Tras desplazarse unos cuantos kilómetros en vehículos y dejado atrás Apiés y Sabayés ascendieron por la sinuosa y estrecha “pista asfaltada”, que les dejó en el parking de la zona del Salto de Roldán sobre las 8:30.

Ya caminando, siguieron la senda que les llevaba a los pies de las clavijas para subir a lo alto de la Peña Sen o de San Miguel. Hubo algún traspié pues la mirada no la tenían en el suelo sino en la llanura de la Hoya de Huesca a la derecha, el laberíntico valle por el que fluye el Flumen a la izquierda y un centenar de buitres leonados sobre sus cabezas.

Regresaron por el mismo camino y se acercan con los coches un par de kilómetros a la cercana la localidad de Sta. Eulalia de la Peña o Santolarieta. Tras un breve desayuno, empezaron a subir recorriendo un sendero circular próximo al pueblo en sentido antihorario. Dejaron atrás unas pinturas rupestres y las vistas de la Hoya, pues la senda les llevó hacia el otro lado de la montaña por un barranco. Siguiendo los carteles que indicaban la Ermita de Ntra. Sña de Ordás, llegaron a un collado por el que pasa una pista que les acercaría a su destino. Allí volvieron a disfrutar del paisaje del inmenso llano en un observatorio de aves que sirve a la vez como punto de despegue para parapentes. A partir de este momento el recorrido sería siempre en descenso.

Siguiendo la mencionada pista por pinar de repoblación y tras coger una senda indicada a la derecha llegaron casi a su destino final: la Ermita de Ordás. Dicen casi su destino porque alargaron 5 minutos más la excursión para visitar el castillo próximo de peculiar construcción y sobre todo, de su espectacular vista desde el extremo de su recinto. Aseguran haberse convertido en observadores privilegiados en lo alto de precipicios viendo a diminutos vehículos circular por el puerto de Monrepós. Era hora de regresar.

Visitaron la ermita bien cuidada. Tras otro breve acopio de fuerzas, regresaron hacia Santa Eulalia, esta vez, por la senda paralela a la pista que les permitía visitar un pozo de nieve y que les devolvía más tarde a ella. Una vez de nuevo en el collado en que inicialmente habían encontrado la pista, se dirigieron directos hacia el pueblo retomando y completando así el recorrido circular. Empezaban a andar por la mañana sobre las diez y regresaban al pueblo a las dos en punto.

Según explican en su crónica realizada, habría sido un delito no terminar esta bonita excursión dando cuenta de nuestros bocadillos, disfrutando de ese extrañamente cálido sol de Enero y de la agradabilísima compañía. Y así lo hicieron.