Regantes, ecologistas y el Gobierno catalán

Plácido Díez Bella

Regantes, ecologistas y el Gobierno catalán, han coincidido en los últimos días en su rechazo, en nombre de la unidad de cuenca, al previsto nombramiento de un aragonesita como presidente de la Confederación Hidrográfica del Ebro.

Sería la primera vez que un dirigente del Partido Aragonés, Xavier de Pedro, que es director general de Desarrollo del Estatuto de Autonomía, desempeñase esa responsabilidad. Generalmente han sido ingenieros, funcionarios, o políticos de primera fila aragoneses, propuestos por los dos grandes partidos.

Pero esta vez, y después del peor resultado electoral de su historia, el presidente del PAR, José Ángel Biel, ha querido que sea en la CHE donde se escenifique el peso de la formación que preside, por lo que representa de oposición a los trasvases y de identificación con su principal seña de identidad, el agua, y los nuevos regadíos. Y más con un ministro como Arias Cañete.

Así lo debió cerrar con Rajoy en el pacto de gobernabilidad que hace corresponsables a los aragonesistas del parón en la inversión pública, incluido el plan de depuradoras del Pirineo o el Plan Miner, de los recortes de gasto público, incluida la dependencia, de la reforma laboral, y corresponsable también de una recentralización que se ha llevado por delante el poder de las cajas regionales que ya operan como bancos. Siempre podrán decir los aragonesistas que han blindado las dotaciones para las comarcas, para la radio y la tele autonómica, y para inversiones como Motorland o Dinópolis.

Los regantes temen que la cuenca sea ingobernable si cada autonomía quiere autorizar e inspeccionar el dominio público hidráulico. Los ecologistas temen por la unidad de cuenca, son nueve autonomías, aunque por Aragón discurra casi el 50 por ciento, y el Gobierno catalán por el caudal ecológico del Delta. Sea cual sea el desenlace de este pulso, no está de más recordar que el presidente de la CHE va a ser rebajado de grado, de director general a subdirector general, dependiente del secretario de Estado y del director del Agua. En fin, autonomía poca. Es la imparable recentralización.

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