La primera procesión del Cristo Resucitado cierra la Semana Santa oscense

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Gran afluencia de fieles, curiosos y cofrades en la primera Procesión del Resucitados de Huesca, una marcha procesional que existe en muchas ciudades y pueblos españoles y de la que carecía la ciudad de Huesca hasta ahora. Tras la salida desde Santo Domingo y San Martín, el momento más emotivo tenía lugar en la plaza de San Pedro, donde se cambiaba el sallo de la Virgen de la Esperanza, pasando del luto al blanco.

En esta procesión participaban todas las cofradías de Semana Santa de la Ciudad, ataviados con sus diferentes túnicas, pero con el rostro ya descubierto.

El Cristo era llevado a hombros por entre 12 y 14 costaleros de cada una de las cofradías; mientas la Dolorosa era portada en la peana que se utiliza para la Custodia en la procesión del Corpus Christi, y empujada por las mujeres que, habitualmente empujan sus pasos.

La marcha estaba acompañada por la Banda de Cornetas de la Cofradía de Jesús atado a la Columna, del colegio San Viator. En la plaza de San Pedro también esperaba la Banda de bombos y tambores de la Cofradía del Cristo de la Esperanza, que guiaba la procesión en su camino hacia la Catedral.

El Cristo Resucitado es una talla de madera policromada, de estilo barroco academicista, realizada por Pascual de Ipas hacia el año 1789. Desde 1975 puede verse en el Museo Diocesano. Esta escultura fue restaurada en el taller del obispado en el año 2000. Varios profesionales participaron también en la construcción de una nueva peana, para llevar al Cristo a hombros, llena de simbología oscense, con imágenes de la fachada de la iglesia de San Lorenzo, Santo Domingo o el Ayuntamiento. Las empresas participantes han sido Talleres Usieto, con la estructura metálica, talleres eléctricos MAG, con la iluminación LED, la carpintería de Paco Pueyo y la pintura y el trabajo con el pan de oro de Antonio Bonet. La empresa Corixma ha ideado la peana.

Por su parte, la Virgen de la Esperanza es una imagen de vestir, de autor desconocido, datada a finales del siglo XIX, con iconografía tradicional de Virgen Dolorosa. Se venera habitualmente en la Santa Iglesia Catedral.

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