Cartas al director: Comunicado del Obispado de Huesca sobre la procesión del Domingo de Pascua de Resurrección

La Semana Santa sería incompleta sin la celebración del Domingo de Pascua.  

El “Directorio sobre la Piedad popular y la Liturgia” de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos afirma: “En la procesión, expresión cultual de carácter universal y de múltiples valores religiosos y sociales, la relación entre Liturgia y piedad popular adquiere un particular relieve” (nº 245).

Nos indica el mencionado “Directorio”: “También en el Domingo de Pascua, máxima solemnidad del año litúrgico, tienen lugar no pocas manifestaciones de la piedad popular: son, todas, expresiones cultuales que exaltan la nueva condición y la gloria de Cristo resucitado, así como su poder divino que brota de su victoria sobre el pecado y sobre la muerte” (nº 148).

Cada año, por las calles de distintas ciudades españolas, se pueden contemplar tallas excepcionales como los conjuntos escultóricos realizados por Gregorio Fernández o Juan de Juni. Obras de arte sobresalientes son todos y cada uno de los pasos y grupos que Francisco Salzillo realizó para distintas cofradías de Murcia y que llevan más de doscientos años recorriendo las calles de esa ciudad cada Semana Santa. Las producciones de estos “maestros mayores” se conservan es grandes museos de referencia en el ámbito nacional: el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, las primeras, y el Museo de Salzillo en Murcia, los segundos.

Un museo es, por definición, una institución destinada a la conservación, difusión e investigación de las piezas que custodia. Ninguna de las tres funciones debe primar sobre las otras. Por lo tanto, el meticuloso cuidado ante el posible deterioro de la pieza no debe impedir que se realicen las otras dos funciones.

Pero en el caso de un museo diocesano o de la iglesia existe un aspecto complementario. La existencia y razón de ser de este tipo de museos se ha justificado, en no pocas ocasiones, con la necesidad de la Iglesia de custodiar determinados tipos de piezas de gran valor histórico artístico que, en muchos casos, siguen conservando el fin y función para el que fueron realizadas y, por tanto, “siguen en activo” en determinadas ceremonias y manifestaciones religiosas. Si el museo debe ser una institución viva, un museo de la iglesia es el más vivo de todos ellos.

El Museo Diocesano de Huesca cuenta con profesionales competentes y cualificados que lo han situado en la vanguardia de los museos de arte religioso en materia de difusión y educación siendo reconocido de este modo por profesionales del campo dentro y fuera de Aragón.

El Cristo Resucitado que, procedente de la Catedral de Huesca y conservado en el Museo Diocesano, fue sacado en procesión este año la mañana de Pascua de Resurrección, es una talla de calidad, correcta en ejecución, algo blanda y apostada que podemos enmarcar dentro de las corrientes estilísticas más académicas de finales del siglo XVIII.

Hay documentación abundante que demuestra que esta imagen era colocada en el centro del Monumento de la Catedral el Domingo de Pascua de Resurrección. Lo que nos hace suponer que su autor contó con el traslado, montaje y desmontaje de la pieza determinados días del año. De hecho, cuando la pieza ingresó en las colecciones del Museo en 1990 se registró y documentó la falta de varios dedos que tuvieron que ser repuestos para su exposición en sala en el año 2000. Fracturas provocadas, sin duda, por sus anteriores traslados. Una de esas reposiciones mal consolidada fue la “fractura” que se ocasionó de forma accidental al descender la pieza de su pedestal. En concreto, la primera falange del dedo índice de la mano derecha que ya presentaba signos de haber sido repuesto (pegado) con anterioridad. Inmediatamente fue corregido el leve accidente por restauradores cualificados y con amplia experiencia que han realizado una minuciosa labor.

Las obras de arte religioso no fueron realizadas para la mera contemplación de quien las observa. Fueron y son obras creadas con un fin concreto que en muchos casos se sigue manteniendo y es lo que les da el sentido auténtico.

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