Las cigüeñas vuelven a hacer un nido sobre un pináculo de la Catedral de Huesca

Tras varios años de tranquilidad, los responsables del Obispado ven con preocupación cómo las cigüeñas han vuelto a los pináculos de la Catedral. Uno de ellos, de la parte más posterior ha visto cómo, en las últimas semanas, estas aves han vuelto a hacer un nido. En él no había elementos disuasorios, porque la estrechez de las calles que rodean a la seo oscense impidió el paso de una grúa para electrificarlo.

Hasta ahora, las cigüeñas no habían llegado hasta allí, lo que daba una cierta tranquilidad. Sin embargo, la superpoblación les hace buscar nuevos lugares en los que nidificar, y ha llegado el momento. Desde el Obispado no se sabe qué hacer. La Catedral no está exenta, y por la parte lateral, a través de la calle Palacio y la posterior al templo es imposible acceder.

El problema es que el peso que acaban teniendo los nidos de cigüeña provocará que el pináculo pudiera acabar rompiéndose, con el riesgo que ello supone para los viandantes y también para la Catedral.

A ello se suma que la presencia de las cigüeñas conlleva suciedad y corrosión, dado que sus excrementos manchan los pináculos y los dejan blancos y mucho más vulnerables al paso del tiempo y los fenómenos meteorológicos. Y es que pesar de esos elementos disuasorios, que se dispusieron en el año 2007 en el resto de los pináculos, es muy habitual ver todos estos elementos, con una cigüeña en su punta.

El Delegado Diocesano de Patrimonio recuerda que las competencias para abordar este asunto están en manos del Departamento de Medio Ambiente y de la Dirección General de Patrimonio del Gobierno de Aragón. Desde el Obispado, asegura, poco se puede hacer.

Cuando se decidió actuar en 2007, había cinco nidos en la Catedral, y hasta 20 cigüeñas llegaban a pernoctar en sus pináculos.La numerosa presencia de cigüeñas en la catedral de Huesca, principalmente sus excrementos y su peso sobre los pináculos del monumento provocaban daños que podrían llegar a ser irreparables, más aún si un elemento de éstos cayera sobre el tejado del templo. Los expertos aseguran que la corrosión traspasa la piedra y llega incluso al hierro del interior de los pináculos. De seguir así, ya se ha dicho en más de una ocasión, en un plazo de entre 20 y 30 años, los pináculos podrían llegar a desaparecer.

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