De dioses y griales

Cristina PérezEste fin de semana tenemos en la provincia rutas de castillos y, en Monzón, un homenaje a quien fuera tutor del niño Jaime I de Aragón, el Maestro de la Orden Templaria Guillem de Mont Rodón.

Imaginar a un hombre del medievo en estos tiempos es un ejercicio más fácil de lo que podamos pensar. Probablemente la literatura y el cine ya lo han hecho porque la ficción acaba acercándose a la realidad, no hay nada como leer a Julio Verne para darse cuenta.

Un caballero se sorprendería de la velocidad, en general, de la vida. De los coches, de los pequeños seres humanos encerrados tras una extraña pantalla; no vería con buenos ojos que las iglesias ya no fueran las arquitecturas más altas y no entendería la imagen de una mujer de ahora. Si el caballero es templario , se sorprendería de los dioses a los que rezan los hombres de ahora y preguntaría por el santo grial. Habría que explicarle que ahora el santo grial es una cifra a la que todos andan intentando restarle puntos, se llama prima de riesgo y los dioses...bueno, los dioses tienen mucho que ver con cuestiones más cercanas a los mercados y las bolsas que a las iglesias.

No hay reglas de San Bernardo que inviten a la austeridad , al celibato y a una disciplina legionaria. Nadie se va a quedar día y noche custodiando la espada Tizona del Cid, porque el Cid sería un mercenario mal visto. Lo que ellos defendían con su espada, ahora se defiende con armas tecnológicas, con la economía y con la amenaza. Sus tierras , las que regaron con sangre evitando al invasor, son las mismas que otros han regado con otra sangre aunque con ideales menos románticos. Sin embargo la piedra con la que ellos tropezaron, sigue estando en el mismo camino y cientos de años después millones de seres humanos han sido incapaces de esquivarla.

Igual no ha cambiado tanto la historia.

A los templarios los destruyó un papa y un rey.

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