Visita del club Montisonense de Montaña al ibón de Plan

Coincidiendo con la proximidad del verano, y por tanto, con la época en la que las últimas nieves se van fundiendo y el caudal de los ríos se va normalizando, un grupo de 15 senderistas del Club Montisonense de Montaña visitaba el ibón de Plan, también conocido como la Basa de La Mora.

Desde el Club cuentan que según reza la leyenda precristiana, una mujer musulmana llegó ahí huyendo de las luchas entre moros y cristianos y se perdió. El espíritu que permanece en el ibón hace que al amanecer de la noche de San Juan aún se la pueda ver surgir de las aguas, por lo que los habitantes de los pueblos del valle suben esa noche a su cita con la dama.

Sin embargo, no es esa mitología la que les atraía al mencionado lugar, sino el contacto con la extraordinaria naturaleza del valle, apenas contaminado de la presencia humana, que según afirman, es motivo sobrado para dejarse poseer del inigualable Valle de Chistau.

Durante la jornada, el tiempo les puso a prueba, ya que la climatología se mostraba más amenazadora conforme se iban acercando a su objetivo, por lo que prediciendo una salida pasada por agua, decidían tomar la pista que lleva a las proximidades del ibón, recorriendo la mitad de ella hasta las inmediaciones del barranco de Gal-linés, donde aparcaban cómodamente.

Nada más tomar la pista, pudieron ver magníficos abetos sobre los cuales enormes paredes de roca caliza parecían querer tocar el cielo. Dejaban este barranco para seguir ascendiendo hasta las inmediaciones de un abrevadero donde tomarían ya la senda GR-15 hasta el refugio de Lavasar.

Después de una hora y cuarto, llegaban al citado refugio, a 1.930 m. de altitud, donde ya no tendrían que ascender más, sino seguir llaneando entre bosques y praderas. Tras un último esfuerzo, alcanzaron el ibón de Plan, en el preciso momento en que comenzaba a llover tímidamente. Lo justo para poderse hacer la foto de grupo de rigor y comer un poco bajo unos pinos, ya que el tiempo era algo desapacible y no tardaban en tomar rumbo al punto de partida.

El descenso resultaba tranquilo y agradable; el ambiente lluvioso con la niebla envolviendo los pinos y abetos les hacía pensar si este rincón escondido estará realmente poseído de espíritus, y al término de la jornada, se divirtieron con unos reflejos sobre el abrevadero y muchos chistes y gracias, que delataban el buen ambiente que han ido labrando entre los que semanalmente salen a recorrer el Pirineo.

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