Lanuza …De las lágrimas a las sonrisas…

José Luis Sánchez – Exalcalde de Lanuza

Se me ha ocurrido poner este titular a la epopeya que viene conmocionando este rincón de Aragón desde hace 50 años, (pues las expropiaciones comenzaron en 1961), epopeya a la que actos como este pretende ponerle letra y música, en la necesaria pelea contra la desmemoria.

Para ver las sonrisas no hay más que abrir los ojos al llegar a Lanuza, hoy. Pero, porque sabemos que somos ,(de entre los pueblos del Pirineo afectados por los embalses), la excepción, por eso hablamos también de las lágrimas.

Hay que recordar de qué se dolían aquellas gentes… y muchos de vosotros con 35 ó 40 años menos… ¿De qué se dolían?..: ¡Perdían… todo ¡… no solo la casa … no solo el trabajo… no solo los afectos…el sustento natural, físico, de los sentimientos… No solo la identidad se diluía…Era… como un vértigo, un arrollador remolino que había entrado por Santa Elena… que les amenazaba… con lo desconocido. (Años más tarde el propio Valle proveería a sus hijos la forma de supervivir, ¡con la nieve!, pero en aquellos momentos había demasiados nubarrones para verlo).

De unas lágrimas fui testigo el 6 de mayo de 1976, hace 36 años. Se habían sufrido ya las expropiaciones, (hacía 15 años que estas os maceraban el ánimo a los vecinos), el paredón de la presa ya estaba concluido… y aquel día se cerraba la compuerta de fondo. Por la mañana autoridades, técnicos, guardia civil… y vecinos revoloteando como alma en pena… Hasta que se cerró. Y el agua comenzó a subir lentamente… muy lentamente… la carretera… los prados… los arboles… los caminos… el puente… Por la tarde el agua seguía subiendo… lentamente. Un grupo de jóvenes estábamos en la barbacana, junto al bar… y de pronto se produjo una angustiosa exclamación, de alguien que allí estaba y que tal vez esté hoy aquí, que nos estremeció, se propagó a la velocidad de la luz y nos despertó ante una nueva y poderosa angustia, pues dijo… ¡fijaros, fijaros… no se oye el rio!.... El rumor del rio, eterno hasta aquel día… había dejado de oírse… y ya no se oiría jamás. Algunos descubrimos entonces que era eso del auténtico silencio. Y amanecieron las lágrimas.

Un tiempo después se produjo una conjunción estelar. Y como tal conjunción, fue caótica, singular, irrepetible:

--El proyecto hidráulico era abusivo, desequilibrado, y aun hoy sigue poniendo en riesgo viviendas aquí y en Sallent, para el caso de avenidas coincidentes con un mal funcionamiento en las compuertas. 8 Hm3 no justificaban, en modo alguno, semejantes afecciones. El 99% del tiempo de explotación el embalse permanece muy por debajo de la cota máxima. Sigue siendo necesario un aliviadero natural, por gravedad.

--La negociación que Sallent hizo para condicionar la máxima cota de explotación fue magnífica, pues se consiguió, finalmente, rebajar 8 metros la lámina de agua.

--La sensibilidad de la Administración Central, ya democrática, para reducir en lo posible las afecciones, está patente, (véase el BOE, en que se ratifica la cota máxima de explotación pactada, la fecha y la firma del entonces Presidente de la CHE, que por cierto tiene un apellido hoy muy conocido en el deporte español y mundial, pero no, aquel no jugaba al tenis, pero supo firmar lo que tenía que firmar).

--Y vosotros… algunos de vosotros… algunos más que otros… algunos mucho más que otros… que sin promesas, sin garantías, movidos por un impulso inexplicable, ignorando si seríais oídos o no… cada fin de semana convertíais vuestro tiempo en sostén… de aquel tejado que hacía aguas, o de la pared que venía a convertirse en escombro… sin hacer cuentas… sin hacer más cuentas que aquellas que uno tiene pendientes, siempre, con su propia autoestima, con su propia conciencia.

Estas fueron, a mi entender, las cuatro galaxias que se conjuntaron en esta nova que hoy es Lanuza.

Vendría luego la Asociación, las primeras reversiones, algunas licencias de obra, los Planes de Ordenación Urbana, los informes y contrainformes, la Junta de Compensación, la Reparcelación. Los egoísmos, algunos notorios, de los que naturalmente ahorraré nombres y apellidos, y también los actos generosos sobre los que me cuesta más callar…Las cuotas de la Asociación, los porcentajes de participación, las peleas por conseguir ayudas públicas, el convenio de Adelpa con el Ministerio, los acuerdos de la Asociación para proporcionar suelo a los vecinos que no lo tenían, las nuevas reversiones, los pleitos, la Reparcelación otra vez y ya estamos pisando la historia reciente…

Pero todavía no se ha hecho justicia. Ni a las gentes de la montaña, ni en este pueblo, ni en la multitud de pueblos del Pirineo que se vieron afectados por obras hidráulicas.

Ni los Planes Hidrológicos nos reconocen la condición de Territorios de Regulación y Cedentes, ni se crean los Fondos de Restitución Territorial que compensen las consecuencias de las obras hidráulicas y las protecciones medioambientales. Se limita la interpretación de la Directiva Marco del Agua cuando ordena computar los costes medioambientales y del producto, a hablar del buen estado ecológico de los sistemas fluviales en lugar de hablar del buen estado del territorio, se limitan a reflexionar sobre la gestión del agua sin implicar también la gestión del ecosistema…

Todavía no se ha hecho justicia en el territorio, y para él la pedimos, pues es la única forma que resta para poder desagraviar a sus gentes, devolviendo al territorio lo que se le quitó, la vida.

Y no será porque no se ha llamado la atención.

De la conjunción estelar que os hablé surgió hasta un himno. Pues hasta himno tenemos, no impostado, ni artificioso… también sin letra… pero que se entiende… ¡vaya que si se entiende!.

Surgió en la noche de los tiempos tensinos. Alguien, avisado por la espectral quietud de El Pacíno pensó en su necesidad, y por ello salió al monte, cortó los palos y los puso a secar. Después cogió la guitarra… y se propuso preguntar a la tierra.

Y hasta aquí ha llegado, con su simbólica pelea, con su rítmico golpeteo contra la tierra una y otra vez…!...!... golpeando una y otra vez…!...!... llamando a la tierra sorda…!...!... aumentando el ritmo…!...!... llamando…!...!... llamando…!...!... esperando que la tierra llegue a responder….

Todos sabéis como concluye. Con el palo y el puño en alto.

Confiemos en que ese gesto final deje, alguna vez, de ser una advertencia, y la señal de que, todavía hoy, en el Pirineo no se ha hecho justicia.

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