Emir Kusturica en Pirineos Sur

Emir Kusturic

El auditorio de Lanuza este viernes se transforma en una fiesta bálcanica , en una noche en la que por segunda vez en su historia recibe a una de las personalidades más atractivas y arrolladoras de la cultura europea contemporánea. Se trata del cineasta y músico serbio Emir Kusturica que, acompañado de su inseparable “No Smoking Orchestra”, revisará los temas más populares de su extensa filmografía. Por su parte el guitarrista y compositor andaluz Javier Rubial compartirá la noche en el escenario de Lanuza con Kusturica.

Cada concierto de Kusturica es una alocada fiesta de sonidos ampulosos e influencias gitanas y ritmos centroeuropeos. Una celebración balcánica por todo lo alto que desembarcará el viernes 20 de julio en el Festival organizado por la Diputación Provincial de Huesca.

En su reciente autobiografía, “¿Dónde estoy en la historia?”, el cineasta y músico serbio Emir Kusturica revela que el día que los bosnios musulmanes derribaron la estatua del Premio Nobel de Literatura Ivo Andric (1961), comprendió que se le habían borrado las certezas para encontrar su lugar en el mundo, y entonces cayó presa del miedo.

Kusturica ha narrado a través de su brillante y original filmografía la historia de su país, los demonios que anidaban en el alma transida de sus gentes y la compleja estructura social construida a base de teselas de etnia y religión. Y es en la esfera social de su cinematografía es donde la música adquiere la categoría de almacén de la educación sentimental. Y como una sucesión lógica de acontecimientos irrumpe en 1986 en el universo de Kusturica la “No Smoking Orchestra”, banda de “techno-rock-gitano” que dirigía Nelle Karajlic, un histrión que se proclamaba “anarco-punk” y que estaba cortado por el mismo patrón que el cineasta de Sarajevo.

Javier Rubial, el jazz con acento andaluz

El guitarrista y compositor andaluz Javier Rubial compartirá la noche en el escenario de Lanuza con Kusturica. Parece necesario este contrapunto que ofrece el músico gaditano, habitante de territorios más serenos y dulcificados. Una suerte de flamenco-jazz aderezado con influencias de la frontera andaluza, que es la frontera del sur, hacia la que Rubial mira constantemente en cada composición y que después se manifiesta en una inconfundible atmósfera sefardí y magrebí.

Con su guitarra promueve un sonido aterciopelado y vaporoso que es más auténtico y pasional que academicista. Un lenguaje musical en el que el flamenco es sólo un punto de partida, una seña de identidad sobre las que se revuelven otras músicas y otros sonidos que construyen una personalidad propia.

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