El Club Montisonense de Montaña disfruta en Ordesa de las Fajas Racón y Canarello

Un grupo de senderistas del Club Montisonense de Montaña realizaron recientemente una salida a Ordesa. En esta ocasión, tenían previsto recorrer las Fajas Racón y Canarellos, no tan famosas como la de Pelay o la de las Flores, pero como cualquier rincón del Parque, también de gran belleza.

Tras unos días de intensas lluvias, e incluso las primeras nevadas de la temporada, amaneció una mañana completamente despejada, lo que indicaba que iba a ser una gran jornada de montaña.

Para iniciar la caminata, se dirigieron desde el parking de la pradera de Ordesa hacia la reconstruida Casa Oliván, retrocediendo unos cientos de metros por la carretera de acceso, donde un cartel les indicaba el camino al circo de Carriata y el inicio de la faja Racún. Se adentraron en un espeso bosque que apenas dejaba entrar la luz de la mañana, y poco a poco, fueron ganando altitud. La presencia del Tozal del Mallo se iba dejando notar entre las ramas y algún claro del bosque, hasta que una vez que rebasaron la cota 1600, ya pudieron admirar el circo que forma este peculiar pico: el de Carriata. Ahí tomaron el desvío a la faja y enseguida pararon a desayunar. Ya habían hecho casi todo el esfuerzo y solo les quedaba recorrer las fajas con unas pequeñas subidas y bajadas. En esa zona advirtieron la presencia cercana de un sarrio, y de una ardilla que puso a prueba el disparo de sus cámaras.

Posteriormente, reiniciaron la marcha, disfrutando de las vistas hacia el valle y la Sierra de las Cutas desde un estrecho sendero, que poco a poco, serpenteaba las paredes de Gallinero. A cada giro a la montaña, descubrían una nueva perspectiva del valle. Y así poco a poco, iban percibiendo el ruido de la cascada de Cotatuero, que les indicaba que la faja llegaba a su fin. Descendieron unos metros y cruzaron el torrente que iba bien cargado debido a las últimas lluvias. Enseguida volvieron a tomar altura y se adentraron en la Faja Canarellos, que transcurre entre una zona mas boscosa, por lo que no tenían unas vistas tan espectaculares. Sin embargo, cuando el bosque se abrió, se dieron cuenta de que el camino era un poco mas aéreo que la faja anterior, aunque sin dar sensación de vértigo. A la izquierda, les seguían rodeando inmensas paredes que conforman la montaña de Fraucata.

Poco a poco el sendero volvía a adentrarse en un precioso bosque de hayas e iba descendiendo hasta enlazar con el camino del fondo del valle que les llevaría a la Cola de Caballo. A continuación retornaron en dirección al parking, no sin antes visitar la cascada del Estrecho, un clásico del Parque que no se cansan de admirar.

Y ya poco a poco, charlando animadamente y orgullosos con la perspectiva del camino recorrido, llegaron a la pradera de Ordesa. La jornada fue inmejorable, pues conocieron nuevos rincones de un valle que nunca defrauda.