¿En manos de quién está el aeropuerto de Huesca? Un sainete en tres actos

Por Luis Ferreira

Vocal del Aeroclub Nimbus

Pte. de la Comisión Técnica Nacional de Vuelo a Vela

A veces uno piensa que la acumulación de despropósitos a la que hemos asistido en el Aeropuerto de Huesca desde su gestación, construcción y actual “explotación”, hace que nos parezca normal lo anormal y admisible lo inadmisible. Parece como si a estas alturas ya no nos sorprenda nada. El problema es que quizás no sólo nos suceda a nosotros, sino también a las autoridades responsables de la gestión aeronáutica, que tienen un sorprendente grado de tolerancia –no me atrevo a decir complicidad- con las actuaciones de AENA, con el incumplimiento de las normativas de seguridad y en particular con la desastrosa gestión técnica del Aeropuerto de Huesca-Pirineos.

El último ejemplo es del pasado jueves 22 de noviembre, día en el que aterrizó en el aeropuerto de Huesca un reactor ejecutivo de matrícula norteamericana y con capacidad para unos doce pasajeros que permaneció en las instalaciones hasta el mediodía del domingo.

El procedimiento establecido por AENA para atender a este tipo de necesidades fuera de la temporada y horarios definidos para la llegada de vuelos de pasajeros obliga a activar un protocolo complejo y sobre todo costoso con el pretendido objetivo de garantizar la seguridad de todos los usuarios del aeropuerto.

Este protocolo obliga a activar el denominado servicio de información aeroportuaria (AFIS), que consiste en desplazar a un técnico desde otros aeropuertos (normalmente Madrid, Barcelona o Palma de Mallorca) para que ocupe la torre de control y active todo su equipamiento con el único objetivo de informar al piloto de las condiciones meteorológicas del aeropuerto y la posible existencia de otras aeronaves que pudiesen afectarle. Además, e independientemente de la activación o no del operativo AFIS, si la operación se produce fuera del horario operativo del aeropuerto (actualmente entre las 11h y las 16h), sería necesario ampliar la jornada laboral del personal técnico, administrativo, bomberos y seguridad del aeropuerto que dentro de su jornada normal de trabajo es mucho más que probable que no hayan tenido oportunidad de atender a ningún avión.

A efectos prácticos, este mismo protocolo impide la práctica de la única actividad actualmente basada en el aeropuerto de Huesca durante toda una jornada ya que atendiendo a razones de seguridad se nos obliga a los pilotos de vuelo sin motor, bajo nuestra responsabilidad, a garantizar la no utilización del espacio aéreo que comprende prácticamente toda la Hoya de Huesca desde el Pico Gratal hasta Sariñena durante un tiempo determinado anterior y posterior al vuelo de estas aeronaves. Es evidente que la única forma de cumplirlo cuando se vuela sin motor es permaneciendo en tierra. Circunstancia esta que se repetirá tantas veces como vuelos se produzcan en el aeropuerto y que es una de las múltiples limitaciones a las que nos enfrentamos.

El domingo pasado estos procedimientos nos llevaron a los usuarios del vuelo sin motor del aeropuerto a presenciar una situación ridícula más propia de un sainete que de un aeropuerto del Siglo XXI.

Primer acto del Sainete: Algo que se repite con frecuencia. Al no haberse comunicado con anterioridad la programación del vuelo del avión ejecutivo, los miembros del Aeroclub Nimbus, que se habían desplazado a practicar nuestro deporte como viene sucediendo los últimos ochenta años desde Zaragoza, Barcelona y Madrid se encontraron una vez más que no tenían garantizado el poder realizar su actividad ni planificar los vuelos puesto que todo ello estaba supeditado al despegue del reactor ejecutivo. Hay que decir que el Aeroclub Nimbus abona una importante cantidad mensual a AENA por el uso de sus instalaciones y por supuesto las mismas tasas de operación que el reactor norteamericano.

Segundo acto: La salida del avión ejecutivo prevista para las 11 de la mañana se retrasa indefinidamente debido… ¡ a que los servicios administrativos del Aeropuerto no admitían la Tarjeta American Express que presentaban los pilotos como medio de pago de las tasas de operación del aeropuerto!. Entretanto los socios del Aeroclub Nimbus seguían sin saber cuándo podrían iniciar su actividad, ni mucho menos planificarla. Lo único cierto era que el aeropuerto se cerraría a las 16 por restricciones del nuevo horario operativo.

Tercer acto: Tras cumplirse la hora y media de retraso, la operadora del servicio AFIS comunicó por radio que cerraba el servicio y que a partir de ese momento el reactor ejecutivo quedaba autorizado a despegar sin necesidad de establecer contacto con nadie y descargando en los deportistas del Aeroclub Nimbus y los pilotos del avión ejecutivo la responsabilidad de la coordinación entre ambas actividades.

Es decir: el protocolo establecido por AENA obliga a la activación de unos procedimientos de seguridad muy costosos que en términos prácticos impiden la actividad de vuelo sin motor cuando hay vuelos de casi cualquier tipo y reconociendo de facto la incompatibilidad de ambas actividades previamente reconocida por el Ministerio de Fomento.

Sin embargo a las primeras de cambio, un simple retraso motivado por la incapacidad de resolver un burdo problema administrativo en el cobro de las tasas, lleva a AENA a anular el protocolo establecido, inhibiéndose y dejando esta responsabilidad en manos de los usuarios del aeropuerto. Una de dos: o el protocolo es inútil o los responsables del Aeropuerto son unos irresponsables.

La verdad es que a pesar de todo sigo asombrándome por lo que sucede en Huesca-Pirineos. Un aeropuerto de 60 millones de euros, que cuesta otra millonada mantenerlo abierto, cuya gestión parece encaminada a poner todas las trabas posibles a sus usuarios, que no es capaz de cobrar unas tasas por un mecanismo de pago válido en todo el mundo, altera sus mismos protocolos y actúa como un niño tapándose la cara: Como no te veo no estás, como no estás, no estoy y por tanto, el problema de seguridad para el que teóricamente se han montado unos complicados y costosos protocolos, deja de existir y el avión intercontinental termina despegando con la misma simplicidad con la que cualquiera de nosotros nos subimos en nuestro propio automóvil. ¿En manos de quien está este aeropuerto?

Estos hechos nos llevan a tener que preguntarnos si lo peligroso es la situación que se pretende proteger o si lo realmente peligroso es la propia AENA.

Epílogo o último acto:

Para los curiosos decir que el avión provenía de Houston (Texas) y que su destino final había sido el aeropuerto de Zaragoza, donde al parecer molestaba debido a las obras que se están efectuando en su plataforma de estacionamiento. Este es el hecho que motivó su traslado a Huesca y que además, hace suponer que los costes del traslado y por supuesto los generados en el aeropuerto oscense no habrán sido soportados por sus propietarios.

Esta circunstancia obligó a que un Operador AFIS, (que aunque es piloto de línea y controlador solo había ejercido como tal de manera esporádica) tuviese que venir hasta Huesca de manera precipitada desde Madrid. Finalmente, una vez montado el operativo del servicio AFIS para atender la llegada del aparato, nada más despegar de Zaragoza el piloto cambió el Plan de Vuelo Instrumental a Visual, por lo que finalmente, la entrada en Huesca se produjo sin hacer uso del servicio AFIS. Es decir, el hecho es que por distintas razones el operativo no se utilizó ni en la entrada del aparato el jueves, ni en su salida el domingo. Podríamos traducirlo diciendo que vino y se fue "en manual", o "a la vista".

Alguien debería pararse a evaluar el coste de todo este despropósito (sumado a lo que viene de atrás por todo lo relativo al Aeropuerto de Huesca). Alguien debería pensar lo que ha supuesto en euros el traslado de este avión desde Zaragoza a Huesca sólo para dejar libre la plataforma del aeropuerto de Zaragoza durante el fin de semana y siendo que además ni siquiera servirá para influir en las cifras de volumen de pasajeros, ya que por tratarse de un vuelo de posicionamiento, consecuencia del problema en Zaragoza sólo venía ocupado por sus pilotos. Cuesta creer además que en todo el aeropuerto de Zaragoza no hubiese espacio para estacionar un avión de este tamaño durante tres días.

Alguien debería de poner freno a todo esto.

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