El final del arrendamiento al club Nimbus, otro motivo de diferencias entre el aeroclub y AENA

Una vez más, las relaciones entre AENA y el Aeroclub Nimbus muestran claras diferencias en su coexistencia en el aeropuerto de Huesca-Pirineos. Los miembros de este aeroclub han denunciado que la dirección del aeropuerto les ha trasladado una propuesta de continuidad, que la entidad deportiva tacha de abusiva. Además, afirman que no la conocieron hasta el pasado 27 de diciembre, dejando sólo cuatro días para formalizar el acuerdo, puesto que finalizaba el contrato de arrendamiento.

Los responsables del Nimbus dicen que en este acuerdo les inicitan a reconocer su satisfacción por los resultados de la relación con AENA en los últimos años, pretenden que acepten una salida sin contraprestaciones en el caso de que AENA así lo solicite, y les coaccionan para que desalojen, de manera inmediata, un hangar del que ni siquiera ostentan la titularidad.

Como respuesta a este escrito, y a la vista de que las versiones del gestor aeroportuario y del Ministerio de Fomento respecto a la idoneidad de las instalaciones para la práctica del Vuelo sin Motor son contradictorias, los representantes del Aero Club Nimus han remitido una contrapropuesta, en la que además de modificar las clausulas que consideran abusivas, solicitan que AENA presente un certificado de la Agencia Estatal de Seguridad Aérea en el que esta última, como máxima autoridad en materia de seguridad aérea, se manifieste sobre la viabilidad y la seguridad de la instalación para la práctica y escuela básica del Vuelo sin Motor.

Desde el aeroclub Nimbus recuerdan que esto viene a añadirse a la reducción del horario operativo del aeropuesto, que obliga a terminar la actividad a las 4 de la tarde, limitando el desarrollo normal de la actividad e imposibilitando cualquier prueba deportiva de las que homologa la Federación Aeronáutica Internacional.

Insisten en que en Huesca, AENA, más que un aeropuerto, lo que ha construido es un problema, ya que no ha cumplido el encargo de los usos que tenía que atender la instalación, y ha conseguido acabar con una actividad de alta tradición en Aragón, dejando en su lugar un aeropuerto con un Real Decreto de servidumbres que se continúa incumpliendo y que soporta un déficit anual de más de 4 millones de euros.

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