SÍ a la Religión…NO a la asignatura

Eduardo Marco Valle

Yo soy creyente…pese a algunas dudas. Lo que ocurre es que la alternativa contraria me produce más desazón. También soy padre y soy educador en la Enseñanza Pública

Como creyente estoy convenido de la necesidad de enseñar a nuestros hijos e hijas a practicar los valores cristianos. Ahora bien… ¿Cuándo y dónde? Y sobre todo… ¿cómo? Desde luego, nada más alejado del magisterio de Cristo que reducirlo al formato de una asignatura. Jesús enseñó en los caminos de Judea, en el “Sermón de la montaña”, en el lago Tiberiades, en casa de María de Magdala… y en el templo.

¿Qué mejor lugar que las parroquias, tan vacías en los últimos tiempos, para transmitir la “palabra de Dios”? Es el lugar natural para hacerlo y donde se empezó a hacer. Así se rentabilizaría mejor su mantenimiento en estos tiempos duros y sería más fácil que los niños adquirieran el hábito de ir a la iglesia con regularidad, no solo para las efemérides. Además, así lo hacen las demás confesiones religiosas (testigos de Jehová, islamistas, adventistas…) y no les va tan mal.

Si nuestro estado es aconfesional, no tiene sentido que una doctrina religiosa tenga un trato de favor dentro de los colegios públicos. No casa con lo que nos enseñó Cristo el obtener privilegios sobre otras religiones. La “Moral cristiana” no debe apoyarse en Concordatos políticos, sino en conductas ejemplares y éticas. Otra cosa son los colegios confesionales.

En alguna ocasión he oído el argumento de que la asignatura de religión católica garantiza la adquisición de “Valores” en el colegio. Como educador pienso que es una afirmación arriesgada e injusta con el trabajo del profesorado. Los valores humanos y democráticos se vienen trabajando y practicando en los centros públicos de forma sistemática en las aulas, en el patio, en la tutoría y, hasta ahora, en “Educación para la ciudadanía”.

Por último, no quiero desmerecer el trabajo encomiable y entregado que vienen llevando a cabo las profesoras y profesores de religión con los que me encuentro en los colegios. Lidiando con frecuencia con la etiqueta de “maría” de la asignatura que condiciona la actitud con la que muchos niños se enfrentan a su estudio y que, posiblemente, fuera más receptiva en un contexto más “natural”. Tanto ellos como el actual profesorado, hallarían en la parroquia el entorno más cercano al que utilizó Jesús de Nazareth.

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