Nunca abandonar Susín

Eduardo Sánchez Salcedo

Director de la Revista "Serrablo"

Angelines de Susín. Un nombre y un pueblo. Un nombre del cielo para una guardiana de su tierra. Todo el mundo conocía a Angelines Villacampa y, gracias a ella, a Susín. Y viceversa. Angelines era una de esas personalidades irrepetibles, estampa viva y aldabonazo de conciencias de cuantos saben escuchar los latidos de las montañas. Las puertas de Casa Mallau siempre estaban abiertas. Era durante décadas una suerte de hospitalario refugio para caminantes, senderistas, ciclistas de camino a Sobrepuerto o Santa Orosia. A todos atendía, orientaba, servía agua y convidaba, y regalaba su sabia conversación de mujer culta, leída y viajada, de miras amplias, de vanguardias culturales, de un horizonte que trascendía su Pirineo, para observar y querer a Francia y Europa.

Mujer creyente, de fortaleza y genio inquebrantables, superviviente ante todo, pese a la elegante fragilidad que denotaba. Con su todoterreno y su llorado perro "Pelopín", con su chimenea y sus viejas historias de casa de solera, el amor por la naturaleza, su perfecto francés, su proyecto personal de Asociación Mallau “Amigos de Susín”, con el Festival Anual de Oralidad, los campos de trabajo para la juventud, el apoyo a estudiantes de sociología, arquitectura y fotografía, la incesante participación en documentales y reportajes...

Angelines limpió senderos, guió "rutas amarillas", señalizó patrimonio y evitó ruinas en una batalla titánica frente al paso del tiempo y las goteras del olvido... Tenía ilusiones y proyectos que no se resignaba a dar nunca por perdidos. Y siempre se rebelaba contra quienes decían que Susín estaba abandonado. No, no lo estaba, y nunca lo estará. Sus cenizas vigilan la ferrería y el lavadero, la ermita de las Eras y la iglesia de Santa Eulalia, las mallatas y romerías. Otean Santa Orosia, Oliván y el Gállego. Huelen la tierra mojada, los truenos, las betiqueras. Acompañan a los amigos, a la familia y a todos y cada uno de quienes visiten y mantengan vivo Susín. Porque las piedras y las palabras echan raíces en quienes piensan con el corazón.

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