Comienza la Cuaresma con el Miércoles de Ceniza

Los católicos comienzan este miércoles a vivir el tiempo de liturgia que invita a preparar la Pascua. Puesto que la Pascua es la fiesta grande de la Iglesia, la preparación también es larga; de ahí las cinco semanas que dura la Cuaresma, y que finalizará el Domingo de Resurrección, el 31 de marzo.Ésta se inicia con la celebración del Miércoles de Ceniza. En todas las misas, tras la lectura del Evangelio, se impondrá la ceniza en la cabeza de los fieles, como signo de cambio. En Huesca se celebrará, un año más, la imposición de la Ceniza Cofrade. Será con una Eucaristía, a las 8 de la tarde, en la Catedral de Huesca, presidida por el Obispo Julián Ruiz. Al finalizar la Eucaristía, en la plaza de la Catedral, habrá un toque a cargo de la Banda de Tambores de la Cofradía de Jesús Atado a la Columna, que cumple 60 años en este 2013.

En la misa de las 8 de la tarde, participarán cofrades de todas las Cofradías de Huesca, que tomarán parte en las lecturas, moniciones y ofrendas de la misa. El momento del ofertorio será especial, pues los cofrades presentarán los objetos que les caracterizan: una túnica de la cofradía de Jesús atado a la columna, un mazo de la cofradía del Santo Cristo de los Gitanos, un programa de la Semana Santa y una medalla de la Archicofradía de la Vera Cruz, una trompeta de la cofradía del Cristo de la Esperanza, la patena y el cáliz.

La frase “Polvo eres y en polvo te convertirás”, que se pronuncia al depositar la ceniza sobre la cabeza de los fieles, ha ido cambiando a favor de “Convertíos y creed en el Evangelio”. Este gesto tiene varios significados: la ceniza evoca la destrucción por el fuego o por la descomposición, la muerte. Evoca también el pecado, con la necesidad de misericordia y perdón. Y recuerda finalmente el fuego que quema y purifica, permitiendo que, después, crezca semilla nueva. De ahí la invitación a andar por otro camino y creer en el Evangelio.

Para que, al final de la Cuaresma llegue la resurrección, los cristianos deben ir muriendo a cosas que no les dejan vivir. Para ello se servirán del ayuno, la oración y la limosna. El ayuno como dominio sobre las cosas; la oración, como esfuerzo de llevar la vida a Dios y Dios a la vida; y finalmente, la limosna, como forma de descubrir el sentido del compartir.

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