Al presidente de la CEOE, D. Joan Rosell:

CSI-F HUESCA

Confieso que le teníamos a usted por más ingenioso, valiente y dotado de una brillante imaginación.

Le aseguramos igualmente que, hoy por hoy, no destaca quien se limita a destruir la imagen y denostar el trabajo del funcionario; llega usted tarde, muchos otros le han precedido, aunque hace apenas tres años, pocos se acordaban de nosotros, de nuestra estabilidad laboral y de nuestros bajos salarios que eran un motivo de desdén.

Tendrá usted que reconocer, pese a ser parte interesada, que ésta es una crisis creada por banqueros, políticos y clases dirigentes en general. La solución que propone que la factura la paguen otros es en el mejor de los casos, poco ocurrente.

Resulta extraordinariamente injusto que ustedes provoquen los problemas pero coincidan en mirar hacia el bolsillo del ciudadano para que cumpla el papel que le han “reservado “, el ser pagano de sus desatinos “.

Así las cosas, comprenderá perfectamente que los trabajadores del sector público –y del privado- estemos tan indignados, porque nosotros ya hemos pagado -y seguimos pagando mes a mes- esta crisis: Han recortado una parte importante de nuestro salario mensual y la ultima extraordinaria completa, han tirado a la basura los acuerdos firmados durante los últimos 10 años; se ha roto la negociación colectiva (a la que también tenemos derecho los empleados públicos) y nos han restringido derechos individuales y colectivos… por decreto.

No pretendemos defender conductas reprobables, que puede haberlas como en cualquier otro colectivo, pero no aceptamos bajo ningún concepto que se estigmaticen los servicios públicos en general ni a sus trabajadores en particular. Sabe usted que en su organizaciñon existen ejemplos claros de conductoras reprobables.

Por otra parte, ¿dónde están el esfuerzo y la solidaridad que ustedes han aportado a esta crisis? Cuando ha estado en su mano, han cerrado o deslocalizado empresas, han aplicado expedientes de regulación de empleo y/ o realizado inversiones en países con una fiscalidad más favorable o simplemente han buscado formas para evitar al fisco.

Tal vez, encuentre usted un momento para reflexionar sobre su actitud y en su siguiente intervención pública proponga que las grandes fortunas paguen los mismos impuestos que el resto de los mortales… por aquello de que los españoles somos todos iguales ante la ley, ya sabe. Tal vez postule que yates, automóviles de alta gama y demás compras que hacen las empresas -y que no forman parte esencial de la cadena productiva- no desgraven fiscalmente. Tal vez, apuntará que es un abuso el que, mientras se hace un esfuerzo nacional para sostener el sector bancario, los dirigentes cobran salarios extraterrestres y bonos de escándalo.

Tal vez dirá de forma valiente y sin tapujos que el sector público, en los países desarrollados, controla un mercado potencialmente “goloso” para algunos empresarios ambiciosos y que ahora es la ocasión de hacerse con el pastel.

Tal vez proponga usted la misma medicina que receta a los funcionarios para los empresarios prepotentes y a aquellos otros que arruinan las empresas y se van de rositas con sus contratos blindados, dejando en situación penosa a múltiples familias y lastrando las cuentas públicas.

En fin, Sr. Rosell, le rogaríamos a usted que propusiera soluciones a este drama social algo más “inteligentes y efectivas”. Para empezar, vayan ustedes predicando con el ejemplo: Cumplan con las leyes del estado, reduzcan sus privilegios y, sobre todo, respeten a los que, de una u otra manera, aportamos en todas las sociedades democráticas y modernas la continuidad, la calidad y la garantía de la prestación de los servicios públicos en igualdad, pagando nuestra seguridad en el empleo y nuestra independencia con la percepción de salarios mayoritariamente mileuristas.

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