Una reflexión sobre la estrategia del “algo que salvar”

Juan Seoane

El Partido Popular (en todos sus niveles: municipal, autonómico y nacional) ha emprendido un camino que conduce directamente a la privatización de los servicios básicos como la sanidad y la educación. Han emprendido este camino por convicción, no por necesidad, aunque la actual situación económica les allana el camino. Comienzo por esta proposición para que comprendamos cuál es el objetivo final de todas las medidas que se están poniendo en marcha. Por otra parte y como la imposición de este objetivo es costosa desde el punto de vista político el Partido Popular recurre a viejas técnicas para minimizar estos costes; desgranemos estas técnicas:

1º) La primera consiste en negar la verdad. Cuando se les interpela sobre si la finalidad última es la privatización la respuesta es “no”, aunque los hechos indiquen lo contrario.

2º) Otra herramienta es la de utilizar términos confusos que nos distraigan del contenido real. La lista sería interminable pero sólo por incorporar algunos ejemplos: racionalización, que quiere decir recorte brutal; reformas estructurales o lo que es lo mismo volver del revés el ordenamiento jurídico, llevándonos, por ejemplo, en el ámbito laboral al siglo XIX... etc.

3º) Nos obligan a enfrentarnos a aparentes elecciones en las que podemos elegir entre algo malo y algo peor, robándonos los elementos centrales de los debates. Aquellos elementos que no se quieren discutir se extraen de las discusiones. Pero es una falsa elección, ya que el resultado, en lo central, ya está decidido de antemano.

4º) Nos conducen a entrar en el juego del “algo que salvar” en el que la racionalidad aparece definida como esa elección entre lo malo y lo peor. El resultado cuando aceptamos esa “racionalidad” es que somos más fáciles de controlar, ya que la oposición a las medidas propuestas se descompone y desagrega en una multitud de luchas grupales.

5º) Cuando participamos de esta supuesta “racionalidad” condicionada, indirectamente, colaboramos con nuestros adversarios. Cuando asumimos como inevitable una propuesta con la que no estamos de acuerdo y entramos a discutir los pequeños flecos o asuntos que se derivan de la misma asumimos tácitamente las premisas del proyecto.

6) La elusión de responsabilidad es otra de las tácticas habituales. Debemos ser intransigentes con aquellos que llevan a la práctica estas políticas y recordar a todos ellos que cuando uno ejecuta una acción moralmente reprobable, aunque sea cumpliendo órdenes, es tan culpable como quien la ordena. Siempre existe una opción: dimitir y negarse a llevar a cabo aquello con lo que no se está de acuerdo.

Como decíamos al principio de esta reflexión esta estrategia permite al Partido Popular conseguir sus objetivos con un mínimo de desgaste.

Pero esta estrategia se puede desactivar, para ello es necesario resistir, y hacerlo como uno sólo, ya que en el fondo uno sólo es el objetivo que tenemos a corto plazo: parar un proceso de privatización acelerado. Es necesario contemplar desde una perspectiva general el objetivo final de nuestros adversarios y dedicar todas nuestras energías a dificultar, ralentizar, complicar y multiplicar el costo político que deben asumir aquellos que llevan a cabo estas medidas. En palabras de Z. Bauman: “Se puede resistir” y resistir implica acabar con “la autoridad de la lógica de la propia conservación. Demuestra lo que en definitiva es: una elección”.

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