Procesiones de la entrada de Jesús en Jerusalén y el Cristo de los Gitanos

Los desfiles procesionales, tras el pregón del Viernes, iniciaban este Domingo de Ramos la Semana Santa en Huesca. Numerosos oscenses, entre ellos muchos niños, esperaban y presenciaban este momento, con palmas y ramos de olivos adornados, sobre todo de los más pequeños. A las 11 y media de la mañana se celebraba la bendición de los ramos en la puerta de la Catedral y daba comienzo la primera de las procesiones, la de la Entrada de Jesús en Jerusalén, organizada por la Cofradía de San José y Santa Ana, en la que participaron miembros de todas las cofradías, todavía con el rostro descubierto, el Obispo de la Diócesis, Julián Ruiz, y el coro de niños y niñas hebreos. Recorrieron las principales calles del Casco Antiguo de Huesca, para finalizar de nuevo en la Catedral, donde se celebró la tradicional y multitudinaria misa del Domingo de Ramos.

Ya por la noche, a partir de las 10, la Cofradía de los Gitanos llevaba a cabo la procesión del Cristo de los Gitanos, que se celebraba por segundo año consecutivo, ampliando en esta ocasión su recorrido por más calles de la zona más antigua. Con cantos de saetas desde el mismo momento en que el Cristo salía a hombros de la Seo oscense y en la propia plaza así como en otros muchos puntos del recorrido. Lo acompañaron los sonidos de los tambores, bombos y cornetas. Hubo también momentos emotivos, como cuando los tambores dejaron de sonar, y llegaron en silencio ante la puerta de una casa, donde entregaron un ramo de flores a la madre de un joven fallecido en septiembre, y a quien quisieron rendir un sentido homenaje, con el canto de otra saeta. Un año más, los gitanos de Huesca volvieron a mostrar su devoción ante el numeroso público que se agolpaba en las callejuelas, en una noche llena de fervor.

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