Un Lama tibetano en Salesianos-Huesca

Hace unas semanas nos visitaron unos monjes tibetanos, venidos de la India que les ha sabido acoger tras su huida del Tíbet. Se trató de un diálogo y de la animación del Taller de Silencio que coordina cada mes la Dra. Mercedes Nasarre.

El interés suscitado desbordó las previsiones.

Todos podemos aprender de todos, pues todos tenemos lecciones no sabidas, otras olvidadas o mal aprendidas, pero también riquezas que aportar.

Hasta el mismo Jesucristo que dijo “Yo soy la Verdad”, supo crecer y aprender. “El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría…”, dice el Evangelio de Lucas. Siempre me han llamado la atención y me han caído bien las personas dispuestas a “sumar”, a aportar su riqueza desde la humildad y abiertas a aprender del diferente.

Creyentes que aprenden de ateos y ateos que aprenden de creyentes…

Cristianos y budistas (y otros credos) que comparten lo que son y lo que saben…

Izquierdas y derechas que dialogan para buscar caminos comunes de futuro…

Sindicatos y empresarios que se esfuerzan por consensuar una salida a la crisis…

ONGs laicas y de Iglesia que ayudan al necesitado sin pedir “carnet”…

Más afines a Benedicto XVI y otros al Papa Francisco (a este Obispo o al anterior) que ven las riquezas de cada uno a la Iglesia y a la humanidad…

Mujeres y hombres, hombres y mujeres que desde la igualdad se complementan aportando sus singularidades…

Abuelos y nietos tan distantes en edad y tan cercanos en lo esencial…

Y podría seguir el listado que dejo en manos del lector…

Penosa la actitud de los que se creen poseedores de la verdad, los fundamentalistas de cualquier credo o ideología, los que se ven superiores en todo y lo tienen todo claro…

Tristeza me producen si además se sirven del anonimato para defender la/su ortodoxia como si todos los demás fuésemos herejes.

(¡Incomprensible me resulta en personas que se consideran cristianas!)

Dichosos los que tratan de unir y no de separar, de dialogar y no de enfrentar, de servir y no de aprovecharse, de compartir y no de acumular, de comprender y no de juzgar, de tender puentes y no de excomulgar, de salvar y no de condenar, de ver lo positivo –aunque sea poco- y no de señalar los defectos y equivocaciones que todos cometemos (hasta con buena intención)…

¡Significativa la imagen del Papa Francisco amigo del Rabino de Buenos Aires: yendo a la sinagoga, pidiendo perdón por errores históricos con los judíos, compartiendo un programa televisivo, escribiendo un libro en común!

Un saludo y abierto al diálogo con los que piensan igual y con los que disienten:

Pepe Sorando.

Párroco de Mª Auxiliadora, madre de todos.

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