El relevo generacional en el campo, clave estratégica para el desarrollo rural sostenible

Bajo el título “Mamá, quiero ser agricultor”, COAG ha presentado un estudio realizado por las Juventudes Agrarias de COAG, que pretenden que sirva para iniciar una campaña de visibilización, sensibilización y movilización de los jóvenes para poner en valor el componente estratégico del relevo generacional en el campo, para la seguridad alimentaria, el empleo y el desarrollo rural. Como dato importante, cabe destacar que del estudio se desprende que en el último año agrario han aumentado un 79% las solicitudes de incorporación de jóvenes al sector agrario. En Aragón ese aumento se cifra en un 143%. Las Juventudes Agrarias de COAG recuerdan que el sector agrario representa un potencial productivo generador de riqueza y empleo. Además, si cae la agricultura, cae la población en el medio rural.

En el año 2010, según datos de la Comisión Europea, solamente el 5,3% de los agricultores españoles se encontraban por debajo de los 35 años, mientras que el 56,3% sobrepasaba los 55 años. Respecto a las ayudas directas percibidas por los agricultores y ganaderos en el ejercicio 2012, solamente el 3,4% de los beneficiarios tienen menos de 35 años, mientras que el 63,4% de los perceptores tienen 55 años o más. Esta situación se reproduce de forma similar en la Unión Europea.

Sin embargo, la alta tasa de paro juvenil (57%), la ausencia de alternativas laborales en las zonas rurales, y el potencial de crecimiento del sector agroalimentario español, ha provocado que en el último año aumenten un 79% las solicitudes de incorporación de jóvenes al sector agrario. Concretamente, en Aragón, entre 2007 y 2011 hubo una media anual de 240 incorporaciones de jóvenes al campo. Y en 2012 hubo 583, lo que supone un incremento del 143%.

Según el estudio de campo “Juventud Agraria, en busca de una nueva identidad profesional”, elaborado por Juventudes Agrarias de COAG, más de la mitad de los jóvenes agricultores (el 53%) trabajan en la actualidad por cuenta propia, seguido de un 32% que lo hace para el negocio o explotación familiar. La incorporación se sigue produciendo a través de los propios familiares (70%) o por iniciativa propia como emprendedor (30%). La cercanía del puesto de trabajo, la independencia que existe para tomar decisiones, las relaciones entre compañeros o el tipo de actividad son las respuestas que mayor grado de satisfacción ofrecen cuando se les pregunta por la percepción de su trabajo. Por el contrario, la rentabilidad económica y el reducido margen para compaginar el trabajo con otras actividades ofrecen escasa satisfacción. No obstante, el nivel de satisfacción general es bueno.

El 82% de los jóvenes agricultores produce de manera convencional, frente al 18% que lo hace en ecológico. Se produce un ligero aumento de la producción ecológica cuando es realizada por mujeres.

El número medio de trabajadores en la explotación se sitúa en 1,85. Un 39% de las explotaciones cuenta con un trabajador, un 25% tiene hasta 2 trabajadores, el 20% hasta 4, el 12% hasta 10 y un 3% tiene más de 10 personas contratadas.

Según datos del Consejo Europeo de Jóvenes Agricultores (CEJA), cada joven que se incorpora a la agricultura genera 8 puestos de trabajo indirectos en el medio rural. Este dato es de una importancia fundamental, dada la situación de grave crisis económica e inaceptable tasa de desempleo que estamos sufriendo en España.

Sin embargo, la baja proporción de jóvenes al frente de las explotaciones agrarias supone una grave amenaza para la viabilidad de las mismas en el futuro, ya que nuestras explotaciones presentan carencias estructurales que deben ser afrontadas principalmente por las jóvenes generaciones: innovación, diversificación, tecnología, gestión, técnicas de valorización de los productos, etc. Sin embargo, los jóvenes que se hacen cargo de explotaciones se enfrentan a una situación de incertidumbre sobre el futuro de la agricultura y la ganadería, que se ve agravada por importantes problemas sociales y estructurales. Además soportan barreras de entrada a la actividad como el acceso a la tierra y al crédito, la dificultad de predecir los resultados y la baja rentabilidad.

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