LOMCE: una Ley Educativa… impuesta contra todos y contra todo

Begoña Cavero Martínez

Cuando un partido político llega al gobierno, parece que lo primero que debe hacer para enseñar su “marca” es promulgar una ley educativa que sustituya a la anterior y… allí estamos. La tan cacareada Ley Orgánica de Mejora de la Calidad de la Enseñanza ha iniciado ya su trámite parlamentario, contra viento y marea, tras un curso escolar marcado por las protestas y la oposición de todos los sectores implicados en la educación y de personas que, desde fuera de este ámbito, ven la insensatez, la falta de racionalidad y, en definitiva, la “mala baba” del Partido Popular.

El ministro Wert, imperturbable cual idea platónica en el cielo estrellado del más allá, va a conseguir imponer una ley educativa segregadora, que conculca el derecho a una educación pública basada en el principio de igualdad de oportunidades. Una ley educativa que favorece la privatización y minusvalora el trabajo del profesorado de la escuela pública. Una ley educativa que hace de la escuela una carrera de obstáculos, en forma de reválidas, que los niños y jóvenes deberán ir sorteando… aunque muchos se quedarán en el camino. Una ley educativa que favorece la competitividad entre personas y entre centros educativos, cuya supervivencia vendrá dada por las “medallas” que cada uno sepa conseguir.

Una ley educativa que aplica las ratios máximas en todos los niveles con la siguiente merma de la calidad de la enseñanza. Una ley educativa que favorece la religión porque los acuerdos con la Santa Sede se van a cumplir en el extremo del exceso. Una ley educativa que se burla de los valores democráticos porque anula el papel decisorio de los Claustros y reduce la labor de los Consejos Escolares a ser meros oyentes en la toma de decisiones de los centros. Una ley educativa que consolida los recortes y los legaliza…

En definitiva, la LOMCE es la marca del partido en el poder pero las consecuencias serán sangrantes. Si un país no apuesta por la educación pública, entendiendo que el “gasto” en ella es una inversión, el futuro de los jóvenes formados en estas aulas será de lo más incierto.