La cruz de Yesa

Lola Giménez

El domingo 9 de junio se celebro la fiesta de san Indalecio en san Juan de la Peña. Los pueblos de la mitad de la diócesis de Jaca suben con sus cruces y cuando los nombran saludan orgullosos por continuar con esta tradición centenaria. Entre sus cruces hay dos con historia las de Esco y Tiermas, ambos abandonados por culpa de la construcción del pantano de Yesa. La cruz de la iglesia de Esco tras su expropiación, fue a parar a Saqués y tras este nuevo pantano se guarda en Biescas y ahí acude José Luis a buscarla. A la cruz de Tiermas se agarraba fuerte Rafael pidiendo fuerzas para el nuevo juicio con el que tiene que enfrentarse a la Confederación Hidrográfica del Ebro para que le devuelvan sus tierras y las de sus antepasados.

Porque los pueblos del entorno de Yesa no están abandonados y la responsabilidad de su ruina no es ya del viejo pantano si no de los políticos actuales. Mientras en los inicios del Reino de Aragón estas tierras eran cultivadas y daban vida en la mal llamada modernidad la dictadura las inundo y los políticos de ahora no conformes con dejarles sin tierras no quieren devolverles sus maltrechos pueblos para ponerlos de nuevo en pie, vean también el caso de Jánovas.

Pero los montañeses son fuertes y guerreros y el sábado 15 en la manifestación de Sangüesa cambiarán cruces por pancartas para decir bien claro que no les van a dejar seguir agrandando Yesa jugando con la seguridad y vida de las gentes.

La verdadera cruz de este país son sus malos políticos pero hay aragoneses que siguen resistiendo y vencerán. ¡Artieda, Mianos, Ruesta, Esco y Tiermas vivos!