Tres monjes de la Diócesis de Huesca, que fueron fusilados, serán beatificados

El próximo 13 de octubre serán beatificados en Tarragona catorce nuevos mártires aragoneses. De ellos, tres pertenecen a la Diócesis de Huesca, el padre Mariano Sierra, natural de Alquézar, el hermano Lorenzo Santolaria, de Torres de Alcanadre, y el hermano Lorenzo Sobrevía, de Huesca, que fueron fusilados en el verano de 1936. Los tres pertenecían a la comunidad que habitaba en el Monasterio de El Pueyo de Barbastro.

De este episodio trágico, que afectó a 18 monjes de votos perpetuos, que permanecieron hasta el último momento fieles a su consagración monástica, quedó como testigo el libro titulado “Iban a la muerte como a una fiesta”, del padre Plácido Mª Gil, último y principal testigo del martirio de estos monjes benedictinos.

La Diócesis de Huesca ha dado a conocer la biografía de estos tres próximos beatos.

P. Mariano Sierra Almazor

Había nacido en la villa de Alquezar en 1869, siendo el más anciano de la comunidad podiense y primer monje que profesó en ella. Bien formado monásticamente en Montserrat, ocupó diversos cargos: maestro de novicios en la Abadía de Samos, y en su propio monasterio: Prior, prefecto y profesor de los aspirantes, hospedero, y subprior. Muy apreciado por el clero del Somontano, solía prestarle su ayuda en algunos ministerios pastorales.

El P. Mariano fue la primera presa de los anarquistas, en la tarde del 21 de julio de 1936, pues sin sospechar nada malo se había acercado hasta la carretera, donde fue detenido. Conducido a la cárcel municipal de Barbastro, vivió en unas penosas condiciones, sobrellevando con suma paciencia las necesidades más elementales.

Cuando la Comunidad ya se hallaba presa en Barbastro tuvo el gozo de ser conducido con ella, pero al poco tiempo fue separado de sus hermanos. Y esto hizo que su prisión y muerte fueran más duras al verse privado de su consuelo y aliento.

Consta que el 26 de julio, por la noche fue conducido a El Pueyo, junto a otro reo, para someterlo a un interrogatorio. Allí, se le hizo un simulacro de fusilamiento, y el P. Mariano “sufrió un terrible martirio” -dice un testigo- y cayó desmayado. Bajado de nuevo, a la cárcel municipal (para que no pudiera decir nada a la Comunidad), murió fusilado el día 9 de agosto, juntamente con el Obispo, Beato Florentino Asensio.

 

Hno. Lorenzo Santolaria Ester

Nació en Torres de Alcanadre en 1872. Fue una de las primeras vocaciones con que contó El Pueyo. “Hombre de la tierra”, de fe recia y curtido en los trabajos del campo; de cuerpo, mente y espíritu sanos, llegó al monasterio con 27 años, dejándose modelar por la austeridad de la Regla y la vida comunitaria.

Practicó con dedicación esmerada el ideal del monje, ora et labora, y tuvo a su cargo la explotación agrícola de El Pueyo. Siempre mostró gran preocupación por los jornaleros que trabajaban con él, tanto a nivel laboral, como espiritual y cristiano, y lo mismo de palabra, que con el ejemplo. Él era el primero en trabajar de sol a sol, sin que estas importantes responsabilidades le privaran de asistir a los actos comunitarios.

El 20 de julio del 36 se dejó libertad para poder salir del monasterio, y el Hno. Lorenzo marchó a su pueblo creyendo que aquella situación política duraría poco. Y aunque un tanto confiado dentro de la situación reinante, permaneció oculto por precaución, practicando sus ejercicios de piedad. Pero el 5 de agosto llegaron al pueblo unos milicianos, con la misión de detenerlo. Se dirigieron a su casa preguntando por él, quien a fin de evitar cualquier acción contra su familia se entregó. Y antes de subir al camión de la muerte, el Hno. Lorenzo entregó a sus familiares el crucifijo que llevaba al cuello. Estaba triste, pero sereno. Poco después era fusilado junto a la carretera de Peralta de Alcolea, siendo su cadáver rociado con gasolina y prendido fuego.

 

Hno. Lorenzo Sobrevía Cañardo

Nacido en Huesca en 1874, en el barrio de la Catedral, fue bautizado con el nombre de Toribio. Buen profesional de la albañilería, a los 23 años entró en El Pueyo, cambiando su nombre por el de Lorenzo, dada su devoción al invicto mártir oscense.

En el monasterio se distinguió siempre como un monje piadoso y trabajador. Era frecuente verle con el rosario en la mano. Y no siendo poco el trabajo que por su oficio tenía, lo realizaba con pulcritud, motivo por el cual fue llamado a prestar sus servicios en otros monasterios.

Desempeñó también nuestro hermano el cargo de ayudante del Prefecto de los niños aspirantes, teniendo por esta razón su celda contigua al dormitorio de éstos. Su misión con ellos era de tipo disciplinar más que de formación, aunque su moderada conversación no dejaba de enseñar a los pequeños. Asistía siempre con ellos a la Eucaristía y a sus demás actos de piedad, y les acompañaba en los recreos y paseos. En las noches que precedieron al cautiverio el hermano Lorenzo permaneció siempre en la celda, velando el sueño de los chicos, sin acostarse, y oteando por la ventana.

En la prisión se sintió bastante incómodo por las noches, pero nunca se quejó. Conducido en el camión y sufriendo un verdadero calvario en el camino, fue ejecutado con sus hermanos monjes al amanecer del 28 de agosto de 1936, en el camino de Berbegal.

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