Misas de acción de gracias en memoria de los mártires de la Diócesis de Huesca beatificados

El obispo de Huesca, Julián Ruiz, preside este domingo, a las 12 de la mañana en la Catedral de Huesca, una Misa de acción de gracias en memoria de los cuatro mártires de la Diócesis de Huesca beatificados, el pasado 13 de octubre, en Tarragona. Los mártires por los que se ofrecerá esta Eucaristía son: el Padre Mariano Sierra, natural de Alquezar, el Hermano Lorenzo Santolaria, de Torres de Alcanadre, y el Hermano Lorenzo Sobrevía, nacido en el barrio de la Catedral de la capital oscense, (los tres pertenecientes a la orden benedictina) y José Jordán, de Azlor, sacerdote diocesano, uno de los “curetas” de Monzón.

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Asimismo, el obispo de Huesca, celebra, este sábado, otra Misa de acción de gracias por José Jordán, esta vez en su pueblo natal, Azlor.

Los valores que más destaca la Iglesia sobre estos beatificados son principalmente tres: la entrega plena de estos monjes a su vocación religiosa hasta el último momento, la confianza y la fe depositada en Dios y su fortaleza y valentía para enfrentarse a la muerte, perdonando a sus verdugos.

Mariano Sierra Almazor

Nacido en la villa de Alquezar en 1869, siendo el más anciano de la comunidad El Pueblo y primer monje que profesó en ella. Bien formado monásticamente en Montserrat, ocupó diversos cargos: maestro de novicios en la Abadía de Samos, y en su propio monasterio: Prior, prefecto y profesor de los aspirantes, hospedero, y subprior. Muy apreciado por el clero del Somontano, solía prestarle su ayuda en algunos ministerios pastorales.

El P. Mariano fue la primera víctima de los anarquistas, en la tarde del 21 de julio de 1936, pues sin sospechar nada malo se había acercado hasta la carretera, donde fue detenido. Conducido a la cárcel municipal de Barbastro, vivió en unas penosas condiciones, sobre­llevando con suma paciencia las necesidades más elementales.

Cuando la Comunidad ya se hallaba presa en Barbastro tuvo el enorme gozo de ser conducido con ella, pero al poco tiempo fue separado de sus hermanos. Y esto hizo que su prisión y muerte fueran más duras al verse privado de su consuelo y aliento.

Consta que el 26 de julio, por la noche fue conducido a El Pueyo, junto a otro reo, para someterlo a un interrogatorio. Allí, se le hizo, un simulacro de fusilamiento, y el P. Mariano “sufrió un terrible martirio” -dice un testigo- y cayó desmayado. Bajado de nuevo, a la cárcel municipal (para que no pudiera decir nada a la Comunidad), murió fusilado el día 9 de agosto, juntamente con el Obispo, Beato Florentino Asensio.

Lorenzo Santolaria Ester

Nació en Torres de Alcanadre en 1872. Fue una de las primeras vocaciones con que contó El Pueyo. “Hombre de la tierra”, de fe recia y curtido en los trabajos del campo; de cuerpo, mente y espíritu sanos, llegó al monasterio con 27 años, dejándose modelar por la austeridad de la Regla benedictina y la vida comunitaria.

Practicó con dedicación esmerada el ideal del monje, ora et labora, y tuvo a su cargo la explotación agrícola de El Pueyo. Siempre mostró gran preocupación por los jornaleros que trabajaban con él, tanto a nivel laboral, como espiritual y cristiano, y lo mismo de palabra, que con el ejemplo. Él era el primero en trabajar de sol a sol, sin que estas importantes responsabilidades le privaran de asistir a los actos comunitarios.

El 20 de julio del 36 salió del monasterio y marchó a su pueblo, creyendo que aquella situación política duraría poco. Y aunque un tanto confiado dentro de la situación reinante, permaneció oculto por precaución, practicando sus ejercicios de piedad. Pero el 5 de agosto llegaron al pueblo unos milicianos, con la misión de detenerlo. Se dirigieron a su casa preguntando por él, quien a fin de evitar cualquier acción contra su familia se entregó. Antes de subir al camión de la muerte, el Hno. Lorenzo entregó a sus familiares el crucifijo que llevaba al cuello. Estaba triste, pero sereno. Poco después era fusilado junto a la carretera de Peralta de Alcolea, siendo su cadáver rociado con gasolina y prendido fuego.

Lorenzo Sobrevía Cañardo

Nacido en Huesca en 1874, en el barrio de la Catedral, fue bautizado con el nombre de Toribio. Buen profesional de la albañilería, a los 23 años entró en El Pueyo, cambiando su nombre por el de Lorenzo, dada su devoción al patrón de Huesca.

En el monasterio se distinguió siempre como un monje piadoso y trabajador. Era frecuente verle con el rosario en la mano. Y no siendo poco el trabajo que por su oficio tenía, lo realizaba con pulcritud, motivo por el cual fue llamado a prestar sus servicios en otros monasterios.

Desempeñó también nuestro hermano el cargo de ayudante del Prefecto de los niños aspirantes, teniendo por esta razón su celda contigua al dormitorio de éstos. Su misión con ellos era de tipo disciplinar más que de formación, aunque no dejaba de enseñar a los pequeños. Asistía siempre con ellos a la Eucaristía y a sus demás actos de piedad, y les acompañaba en los recreos y paseos. En las noches que precedieron al cautiverio el hermano Lorenzo permaneció siempre en la celda, velando el sueño de los chicos, sin acostarse, y oteando por la ventana.

Conducido en el camión, fue ejecutado con sus hermanos monjes al amanecer del 28 de agosto de 1936, en el camino de Berbegal.

José Jordán

Jordán Blecua nació en Azlor el 27 de mayo de 1906. Sintiendo desde muy niño la vocación sacerdotal, ingresó a los doce años en el Seminario de Barbastro, trasladándose al de Lérida al comienzo de la Filosofía. Recibió las órdenes menores y poco después el diaconado.

Su primera Misa la celebró en Azlor, su pueblo natal, que se vistió de gala para esta celebración. Su vida fue siempre ejemplar, tanto de niño como de mayor, desbordándose sus ansias de perfección al verse sacerdote; obediente a sus superiores, considerado con sus iguales, de carácter sencillo, dulce para con todos.

El obispo lo destinó a Monzón como vicario a las órdenes del párroco Mosén Mariano Ferrer, y pasó a residir como huésped en casa de la señora Dolores (Lola), coincidiendo con Mosén Nadal que también había sido destinado, como vicario organista a la parroquia de Santa María del Romeral. Fueron llamados por los vecinos de Monzón "Los Curetas".

Durante su corta vida sacerdotal, de cuatro años en la Parroquia de Monzón, dio grandes ejemplos de abnegación y de gran caridad con los pobres. Fue asesinado el día 12 de agosto del año 1936, perdonando generosamente a sus verdugos y sin oponer resistencia. El fusilamiento tuvo lugar en una finca a las afueras de Monzón, a escasa distancia del cementerio, en la partida de "Sierra Mediana".

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