Agradable salida otoñal del Club Montisonense de Montaña al Cañón de Añisclo

Cañón de Añisclo

Un grupo de 15 senderistas del Club Montisonense de Montaña realizaba una bonita salida otoñal recorriendo el Cañón de Añisclo, enclave pintoresco y excepcional del Pirineo Aragonés. La salida se prolongaba durante seis horas (entre ida y vuelta) y presentaba una dificultad escasa, aunque era de largo recorrido.

Según aseguran desde el club, de los cuatro grandes valles que nacen del macizo de Monte Perdido, el de Añisclo es el más agreste y espectacular, y también el que mayor riqueza botánica atesora. Es fruto del paciente trabajo del río Bellos que ha excavado el terreno calizo desde el collado de Añisclo, punto de unión de las Tres Sorores (Cilindro de Marboré, Monte Perdido y Soum de Ramond o Pico Añisclo) y sus vecinas Las Tres Marías, hasta la confluencia con el valle del río Aso.

El itinerario comenzaba con la salida desde el Puente de San Úrbez (925m) sobre las 9h. de la mañana, con una meteo algo incierta y amenazante con descargar algún que otro chaparrón, pero esto no aminoró las ganas de disfrutar de un paisaje otoñal. Así comenzaron la bonita ruta del cañón; la primera parada la realizaron al momento, ya que había que parar para ver el puente tan impresionante que hay al comienzo de la ruta. A los pocos minutos, otra obligada parada para ver la ermita de San Úrbez.

Cuando llevaban un rato caminando, atravesaron el puente de madera para enfilar por el sendero que les iba adentrando en el bosque, y siempre con el sonido de las aguas del río Bellós precipitándose en el cañón; el valle se estrechaba, apareciendo siempre a la vista Las Sestrales y Mondoto. De trecho en trecho, algunas sendas permitían acercarse a la orilla del río.

Era obligatorio hacer innumerables paradas para recrearse con los colores que ofrece el monte en estas fechas; no guardaron las cámaras de fotos ni un momento; cualquier árbol, flor o rincón les sorprendía a cada paso. Poco a poco iban avanzando hasta llegar al barranco de la Ripareta, (1405m), donde pararon para descansar y deliberar si continuaban hasta el barranco de Fuenblanca. La lluvia, aunque suave, les empezaba a mojar, así que por unanimidad decidían que la meta estaba ahí.

La bajada la hicieron despacio, maravillándose con el paisaje tan espectacular que ofrece el cañón de Añisclo. A las 15h. llegaban de nuevo al parking de San Úrbez. Una vez más, la montaña les permitía pasar un bonito día otoñal.

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