La España del bienestar social y Arcadia

Ilich Luis Ajates Meca

Militante de Izquierda Unida

Entendemos como estado social la asunción, por parte del poder público, de las prestaciones y redistribución de la riqueza que exigen los derechos sociales. Aunque claro está, es mejor destinarlo a obras como el aeropuerto de Huesca, la plataforma logística o el Palacio de Congresos que ejercen una gran función social.

La actual reestructuración institucional no es sino la viva imagen del estado de beneficencia al que quieren avocarnos. No se entienden unas actuaciones en el ámbito de salud mental sin objetivar el recorte presupuestario de dichas medidas. Las mismas, respecto de Arcadia, deben respetar la voluntad del grupo social al que afectan, priorizándolas sobre cualquier cuestión económica o empresarial porque la existencia del mismo depende de la reflexión y aceptación conjunta de todos los implicados, ¿cómo entender la continuidad de un proyecto que no es apoyado por parte de quienes forman parte, usuarios incluidos?.La respuesta es tan evidente como sonrojante. Ninguna intención de continuidad se pretende por cuanto las opiniones no son tenidas en cuenta, deslegitimando al gobernante al borde de la rebeldía colectiva.

Porque sí, debo rebelarme contra lo que suponga un recorte de personal y respecto de los cimientos que sostienen el actual modelo, no puede existir justificación que prime sobre el derecho de bienestar, aquél que permite a toda persona llevar una vida plena facilitado mediante las estructuras estatales que, realizando una distribución justa, permita su integración. ¿Cómo no le puede interesar a la DGA mantener un sistema ejemplarizante aunque sea con sus funcionarios? ¿qué coste supone reducir presupuesto destinado a la reinserción socio - laboral de personas con enfermedad mental? ¿qué empresas pretender dar continuidad al actual modelo? Las respuestas deben buscarlas ustedes pero - les advierto - que tal vez encuentren una verdad cruel detrás de cada una.

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