La Federación de Regantes del Ebro defiende la unidad de la cuenca de este río frente a las pretensiones del Generalitat de Cataluña

La pretensión de la Generalitat de Cataluña de ofrecer una imagen distorsionada del Plan Hidrológico de la demarcación del Ebro no debe dejarnos engañar, pues esconde intenciones que posiblemente nada tengan que ver con el propio Plan y quedan por sí mismas descalificadas por su marcado talante antidemocrático.

Discriminar, dentro del Valle del Ebro, donde está probado el alto valor añadido de la producción agraria, qué hectáreas son prioritarias y cuáles no en función de un criterio meramente territorial es una cuestión que llevada al plano político podemos tildar sin rubor de demagogia, y de una forma más serena de frivolidad.

Mientras otros territorios apuestan por la modernización de regadíos y reservan para vigencia del Plan desarrollos de nuevos regadíos de pequeño tamaño, Cataluña presenta un plan para la creación de 154.163 nuevas hectáreas, que suman su demanda a la de duplicar el caudal ecológico del Delta del Ebro. De esta forma la suma de las pretensiones sobre el agua del Ebro de la Generalitat de Cataluña deja lugar a pocas dudas, y en una situación precaria las restantes Comunidades Autónomas del Ebro.

Del mismo modo la acusación de falta de consulta a Cataluña sobre el Plan Hidrológico de la demarcación del Ebro, revela una acusada miopía con respecto al proceso participativo por el que se ha llevado a cabo la concertación del Plan. Al margen de las múltiples reuniones llevadas a cabo con distintos agentes implicados de ecologistas a universidades pasando por abastecimientos, regadío y una larga lista, Cataluña conto en la tramitación del Plan Hidrológico del Ebro con un proceso de participación propio en el 613 personas (particulares, administración, investigación y sectores productivos) presentaron 330 propuestas de las cuales tan sólo 15 no fueron aceptadas.

Con todo, y si la Generalitat de Cataluña persiste en su empeño de salir de los cauces legalmente estipulados para la aprobación del Plan Hidrológico de la Demarcación, será necesario recordarle que la fijación de los caudales ambientales debe realizarse con la participación de todas las Comunidades Autónomas y de todos los usuarios, pues a todos afecta, sin perjuicio de las disposiciones legales con respecto al Plan Integral de Protección del Delta, las cuales en todo caso no tienen capacidad propia para modificar el Plan Hidrológico de la demarcación del Ebro. Por tanto será el Consejo del Agua de la demarcación del Ebro el lugar y los actores que dirimirán cualquier modificación de caudales ecológicos, siendo el resto de situaciones anómalas en sí mismas.

Por otro lado hay que recordar que los caudales ecológicos asignados al Delta del Ebro, son caudales garantizados, con una aportación anual entre el 23% y el 30% de la aportación en régimen natural, cantidad muy superior a la del resto de ríos mediterráneos de España y que resultan factibles gracias a la existencia de un embalse ubicado fuera de Cataluña, el embalse de Mequinenza y en mucha menor medida por los caudales aportados por el conjunto Cinca-Segre. Este caudal ecológico podrá modificarse en función del estado ecológico, pero siempre bajo el principio de unidad de cuenca y con informe favorable del Conejo del Agua de la Demarcación.

Precisamente la explotación de Mequinenza deviene en un aspecto clave para asegurar los caudales ambientales del Delta y también para garantizar la protección frente a avenidas. En la actualidad la Comisión de Desembalse de Mequinenza está compuesta por usuarios del agua del tramo bajo del Ebro, en su totalidad pertenecientes a la Comunidad Autónoma de Cataluña. En el seno de dicha Comisión de Desembalse se adoptó la decisión en 2012 de rebajar el caudal desembalsado porque no se podía garantizar el caudal ecológico de 100 m3/sg en el tramo bajo del Ebro y la satisfacción de las demandas de los regadíos existentes entre ellos los caudales de la margen Derecha e Izquierda del Ebro.

Unos caudales ecológicos como los propuestos por la Generalitat generan una gestión rígida de Mequinenza y la falta de sentido de la Comisión de Desembalse ya que la única función sería la de gestionar unos caudales ecológicos obligatorios. Además en años secos Cataluña detrae más agua que los caudales aportados por el Ebro. La ruptura del principio de unidad de cuenca y la solidaridad entre territorios implícita en la misma, traería consigo cuestionamientos al actual modelo de gestión tanto de las avenidas como de las sequías. Después de lo escuchado estos días ¿Qué territorio estaría dispuesto a ceder de los suyo para asegurar las mínimas demandas en Cataluña?

Se ha comentado que es un problema externo a Cataluña, tratando de llevar al tema del agua el afán independentista sobre el que nada tenemos que objetar, ya que nuestro objetivo es la gestión del agua. Y en gestión del agua no existen fronteras existen las cuencas hidrográficas o, como ahora las denominamos, las demarcaciones. La gestión por demarcaciones con larga tradición en la cultura del agua española y adoptada como criterio por la UE no entiende de fronteras territoriales, ni entiende de afanes políticos, entiende de la unidad del recurso y la necesaria unidad de gestión.

Por todo ello FEREBRO, la Federación de Regantes del Ebro, como entidad representativa del los usuarios regantes de la cuenca del Ebro reiteramos nuestra postura en defensa del Plan Hidrológico de la demarcación del Ebro que se aprobó el pasado 28 de febrero. Defendemos sus bondades y también sus imperfecciones porque es fruto del ejercicio de democracia y consenso, de transparencia y participación responsable en la gestión del agua. Lo contrario es la defensa de intereses particularizados que pueden traer graves consecuencias al conjunto de la cuenca del Ebro.