La prevención, el mejor aliado del esquiador de montaña

Llega el momento de empezar a sacar los esquís de montaña, las focas y los piolets. Y es que, a pesar de que ya hay quien llevan varios días realizando esquí de montaña, es ahora cuando llega el mejor tiempo para practicarlo, no tanto por la nieve que pueda haber o su calidad, más bien porque, es a partir de ahora, cuando más seguro es practicarlo.

El esquí de montaña, como su propio nombre indica, se realiza en las montañas. Aunque esa es la teoría, en muchas ocasiones, también hay quien lo practica en las estaciones de esquí, bien sea porque son más accesibles, porque te permiten ir en solitario o porque conlleva un menor riesgo de quedar sepultado por un alud. Pero hacer esquí de montaña por una estación de esquí alpino trae consigo otros peligros, es especial, los choques, por lo que no es recomendable practicarlo ahí, o de ser así, en necesario tener mucha precaución.

La experiencia es la mejora aliada a la hora de practicar este deporte. Es imprescindible conocer el riesgo de aludes (se mide en una escala del 1 al 5) pero también hay que interpretar otros documentos como las estabilidad del manto nivoso. Esta es una información general así que lo que realmente es importante es conocer bien la zona en la que se va a realizar la actividad, saber cuál es su situación, que zonas son más seguras o en qué estado está la nieve.

Y frente a lo que se pueda pensar de que en primavera hay un mayor riesgo de aludes por la subida de las temperaturas, hay que marcar que si bien es cierto que se registran muchas avalanchas, el número es mayor en invierno, con la diferencia que es más fácil predecir las que puedan caer por fusión que las que suceden a causa de los movimientos de placas durante la época invernal.

Todo ello es imprescindible antes de comenzar con la actividad y, aunque contemos con pala, arva y sonda, hay que tener muy en cuenta que, pese a que nos puedan ayudar en el caso de quedar sepultados, contar con este material no impide que nos encontremos con un alud. Por ello, la prevención es el mejor aliado del esquiador de montaña.