Ruta del CMM por el nacimiento del río Irués: Las Fuentes de Fornos y el Chorro

Un grupo de 18 senderistas del Club Montisonense de Montaña realizaba una ruta a un lugar inverosímil, por tratarse de un escondido rincón, donde nace el río Irués de la manera más inaudita y espectacular.

La actividad se desarrollaba en las fuentes de Fornos y el Chorro del mismo nombre; se trata de unas espectaculares turgencias de agua situadas en el fondo de la garganta del río Irués, en el macizo del Cotiella. Su especial atractivo reside en la gran vehemencia con que el agua mana de debajo de la tierra, en el caso de las fuentes prácticamente todo el año, pero el chorro tiene carácter eventual y es durante el deshielo o cuando se producen fuertes tormentas, que alcanza una fuerza y esplendor fuera de lo común.

El inicio de la ruta fue en el hermoso y pequeño pueblo de Badaín, junto a Lafortunada, en la carretera que une Aínsa con Bielsa. La expedición partía por una senda bien señalizada y cómoda, la cual al principio sube y luego va descendiendo por un hermoso bosque mixto hasta encontrarse con el río. Un puente metálico les permitía cruzar a la otra margen.

A continuación, el sendero seguía por la margen izquierda del río, completamente cubierto de hojarasca, y en solo quince minutos alcanzaban las Fuentes de Fornos. Es un sitio que deja perplejo a todo el mundo ya que bajo los enormes arboles mana una gran cascada que cae ladera abajo con un estruendoso caudal. Disfrutaban brevemente de este lugar para continuar hacia su destino, el Chorro. Ahora la senda se estrechaba y se complicaba; en algún paso colocaban un pasamanos y así todo el mundo pudo llegar con la necesaria seguridad.

Tuvieron la buena fortuna de verlo en toda su magnitud; no podían acercarse hasta su base ya que el caudal era tan grande que no se podía cruzar el río, pero sin duda, les bastaba ver cómo, de un agujero de la montaña, sale un chorro de agua enorme que salpica las rocas ya cubiertas de musgo en todo el ancho del cauce. Aprovecharon la belleza de ese lugar para comer.

Pronto volvieron sobre sus pasos, y al llegar al puente que habían pasado previamente, decidían completar una circular. Para ello, ascendieron junto a un afluente del Irués que se llama Garona, pasaron por un puentecito que salva las salvajes aguas y subieron por un maravilloso robledal envuelto en su base de un increíble tapiz de musgo.

Era hora de quitarse ropa porque el calor apretaba. Había que beber agua antes de afrontar la subida por el bosque hacia una pista superior, y una vez en el alto, tomaban dirección a Laspuña viendo desde esa privilegiada situación las nevadas cumbres de Los Sestrales, el Monte perdido y muchas otras cimas.

Un trecho de cinco quilómetros entre el pinar del Solano, y enlazaban con la senda PR-HU 138 que baja directa al pueblo de origen, Badaín. De esta manera, culminaban una excursión algo más larga, pero mucho más bonita.

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