Fermín Arrudi fue feliz como sallentino y menos como “gigante”

Fermín Arrudi

Enfermo de acromegalia, su cuerpo creció desmesuradamente, llegando a alcanzar los 2,29 metros de altura, convirtiéndose en el aragonés más alto de todos los tiempos y el hombre europeo más alto de su época. Sus convecinos, con la financiación del Ayuntamiento y la Diputación de Huesca, el miércoles 16 de abril han participado en la inauguración de la escultura a tamaño natural que ha sido colocada en la Plaza del Ayuntamiento de Sallent,

En este merecido homenaje, a uno de sus personajes más ilustres han acudido diversas autoridades locales, comarcales y provinciales, así como los descendientes directos del Gigante. Su sobrino nieto, Pedro Alamañac Arrudi, ha sido el encargado de recordar la figura de Fermín, un hombre amable, desprendido, que siempre amo a sus montañas,

Su altura, junto a su habilidad para la música lo llevaron a viajar por toda España, Europa, norte de África y América, aunque él añoraba su vida en Sallent, su pueblo natal. Se casó con una francesa, y no tuvo descendencia. Murió muy joven, a la edad de 43 años por la citada enfermedad.

En un viaje a París conoció a Louis Carle Dupuis, una parisina arrogante, esbelta y de buena educación, que sería poco después su esposa. Con ella vivió sus años más felices, aquellos en los que la prosperidad económica le permitió construir su propia casa en Sallent.

La última parte de su vida estuvo marcada por un viaje a Argentina y por la sombra de la sospecha acerca de la fidelidad de su esposa. La Expo de Zaragoza de 1908 fue su última salida espectacular.

En el acto el Grupo Folklórico de la localidad ha querido rendirle un homenaje interpretando varias jotas para quién disfrutó de la música de su tierra, como amante del folclore.

La escultura ha sido realizada a tamaño natural por el escultor jaqués Pedro Larraz, que ha informado como fue el proceso del proyecto y posterior realización en arcilla para la creación del molde, que se envío a una empresa zaragozana, para posteriormente crear la escultura fundida en bronce.

La vicepresidenta de la Diputación de Huesca, Lourdes Arruebo, ha unido la figura de este embajador, que aprovechando sus viajes, daba a conocer el nombre y la cultura de este valle. En los actuales momentos, su Sallent, es centro de las culturas del Mundo con el Festival de Pirineos Sur.

Para Jesús Gérico, alcalde sallentino, ha manifestado que en esa plaza se reencontraban en ese momento el pasado de la localidad, con una figura como la del Gigante Aragonés, el presente con sus actuales hombres y mujeres y los niños y niñas que están en torno a esta escultura, para que todos los vecinos y visitantes puedan medirse, compararse y fotografiarse, con esta figura emblemática de Sallent y de Aragón.

El acto ha concluido con la lectura del autor e lustrador del cuento para niños El Gigante de Sallent, Saúl Irigaray . Que ha comentado a esta redacción que la idea le surgió, al oír historias de pequeño sobre las hazañas de este personaje del Pirineo, pensó en que podrían ahora tenerlo en forma de cuenta y se aprovecho la celebración el año pasado el centenario de su muerte.

David Dumall, autor de un libro en el 2008, por el que recorre de forma sencilla y novelada la vida de un gigante con el alma grande, ha comentado que le sorprendió su voluntad en realizar esos viajes incómodos de este músico autodidacta, al que le dolían las articulaciones y la cabeza. Fue feliz en su faceta de sallentino, pero no tanto en su vertiente de gigante.

Fue un vinatero de Cariñena habitual visitante de Sallent de Gállego quien pensó en sacar partido de la altura y su fuerza. Con un representante que consiguió, exhibieron a Fermín Arrudi en las fiestas del Pilar de 1891. Fue tal el éxito, que lo llevaron a Madrid y siendo recibido por la Regente María Cristina y su hijo pequeño, Alfonso XIII. Según recuerda su sobrino nieto, Pedro Alamñac, la propia monarca le consiguió u fusil de precisión que le pidió para poder cazar sarrios, que lo veían a una legua y se escapaban.

Le tocó el gordo de Navidad, unas 4.000 pesetas de entonces, y repartió regalos a los de su pueblo, a la vez que aparecían las primeras envidias. Estuvo en la Exposición Universal de Berlín de 1896 y en París una dama se le acercó y le preguntó su nombre. Era Luise, que se convertiría con el tiempo en su esposa.

El párroco del pueblo, Mosen Miguel, que ofició el funeral de este ilustre vecino, escribió en el Libro de Difuntos su partida de defunción en los siguientes términos, “ Fermín Arrudi Urieta, era conocido con el nombre de 'Gigante Aragonés' por su extraordinaria estatura: dos metros veintinueve centímetros,; por el anillo de su dedo pasaba holgadamente una moneda de diez céntimos. Su calzado medía cuarenta centímetros de largo por dieciocho de ancho; levantaba pesos que cuatro hombres robustos no podían mover ” 

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