Sin Interés

Sin Interés

Pilar Novales Estallo

Portavoz Grupo Municipal de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Huesca.

Aunque parezca mentira, un asunto como el de la nueva ley de telecomunicaciones ha pasado bastante desapercibido, como si no existiera interés ciudadano. Quizá sea cierto, quizá hayamos llegado a un punto en el que a nadie importe que se haga una ley que ignore cosas tan “irrelevantes” como las afecciones a la salud. Quizá hayamos llegado a un punto en el que, por habitual, a nadie le importe que se haga una ley que ponga los intereses económicos de las grandes compañías por encima de los intereses de los ciudadanos y ciudadanas.

Puede ser, pues los caminos del interés periodístico son inescrutables para mí. Pero yo creo sinceramente que sí que importa y sí que interesa a la gente saber qué hacen los grandes partidos cuando lo que se encuentra en colisión son los derechos ciudadanos con los intereses económicos de las grandes compañías que de facto gobiernan este país. Y creo que sí que importa y sí que interesa saber qué consecuencias tiene para la gente que esto ocurra. Este es el caso, reciente, inmediato, de la Ley de Telecomunicaciones que se acaba de aprobar en el Parlamento, y para la que no hemos podido obtener el rechazo del pleno del Ayuntamiento de Huesca. Por ambas razones se convierte en ejemplo perfecto de unas cuantas cosas.

La primera de ellas: Estamos en puertas de unas elecciones europeas en las que Partido Popular y Partido Socialista Obrero Español se esforzarán en aparentar que tienen proyectos diferentes para Europa, y en consecuencia, para España. Esa campaña va a ir cargada de mensajes en esa dirección. Pero los mensajes son palabras, que, como ya se sabe, aunque permanezcan en las hemerotecas, se las lleva el viento. Sin embargo, los hechos dejan tras de sí una realidad, tangible, palpable, con sus consecuencias. Y los hechos son, que, en lo fundamental, PP y PSOE, coinciden. Claro que lo fundamental para ellos no es lo mismo que lo fundamental para cualquier ciudadano o ciudadana.

Lo fundamental en esta ocasión ha sido para el PP hacer una ley de telecomunicaciones a medida de las teleoperadoras y para el PSOE apoyarla encantado de la vida. Sin embargo para cualquier ciudadano o ciudadana que disponga de algo de información sobre el tema y sepa de la relación entre ondas electromagnéticas y varias enfermedades, entre ellas, el cáncer, lo fundamental será que el despliegue de esas telecomunicaciones no afecte a su salud, que se aplique el principio de precaución por el cual, si hay indicios de riesgo, se han de tomar medidas que lo neutralice. Digamos que a la ciudadanía le importa su salud y a PP y PSOE les importa la salud de las grandes compañías.

La segunda: PP y PSOE proclamarán su europeísmo a lo largo de la campaña, y a quienes defendemos que una Europa diferente a ésta de los mercados es posible, nos tacharán de antieuropeístas. Aquí, el europeísmo de ambos partidos ha consistido en ignorar deliberadamente todas las recomendaciones europeas dirigidas a la protección de la salud, que son unas cuantas y muy claras. Europeístas para asumir sin rechistar todo tipo de medidas económicas para rescatar bancos, para recortar servicios, pero nada de Europa si se trata por ejemplo de medio ambiente, de salud pública.

La tercera: Ana Alós hizo una promesa electoral, la de elaborar una ordenanza que regulase la instalación de las antenas de telefonía (algo a lo que en el pasado mandato el PSOE siempre se negó en rotundo) precisamente por las posibles afecciones a la salud. La resistencia de la AMYPA del colegio Pirineos-Pyrenées a que se ubicara una antena en el palacio de congresos radiando directamente sobre el colegio despertó en esta ciudad el interés sobre el asunto, impidiéndolo además.

Y después, Ana Alós cumplió con su promesa, en precario, en ningún caso con la amplitud que hubiéramos deseado en IU para garantizar la protección de la salud, pero cumplió aunque fuera a modo de trámite. Ahora la Ley de Telecomunicaciones que ha hecho su partido y ha apoyado el PSOE, tumba la ordenanza, ya que quita cualquier tipo de competencia a los Ayuntamientos para decir dónde pueden ubicarse las antenas, en beneficio de las compañías que decidirán dónde, cuándo y cuántas van a ubicar en cada municipio, expropiando, sin derecho a réplica, espacios públicos y azoteas privadas.

En definitiva, Ana Alós sigue la línea de defensa cerrada de cualquier cosa que su partido proponga, sea ésta cual sea, hoy ilegalizar el aborto, mañana una desquiciada ley de educación, pasado una aberrante ley de telecomunicaciones. Ana Alós renuncia a ese halo de moderación centrista, con el que se desenvolvía con cierta comodidad ya que tanto permite ir a las procesiones como peatonalizar el centro, es decir, combinados de la clásica derecha con propuestas progresistas de hace 20 años.

Ha viajado desde allí hasta el panorama reaccionario y ultraliberal que su partido despliega, apoyando todas sus ocurrencias, aunque sea a costa de los derechos de las mujeres, de implementar un modelo educativo segregador o de favorecer sin pudor a las grandes empresas de este país, ignorando algo tan básico como el derecho a la protección de la salud. Aunque sea a costa de tumbar su propia ordenanza, hecho bastante patético y lamentable, y que nos advierte de que los límites a su acción de gobierno no los establece ella misma ni la organización local del PP. Vienen del mismo sitio de donde les vienen a Rajoy y también a Rubalcaba, vienen de los grandes poderes económicos.

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