El sector de la fruta: mucha exportación, mano de obra estable y desarrollo de la economía en el medio rural

El sector frutícola aragonés tiene una fuerte vocación exportadora, dentro del ranking que exportación de los productos agroalimentarios. En Aragón, la fruta se sitúa en segunda posición, con un valor de comercialización de algo más de 114.500 millones de euros, solamente superado por el sector cárnico. La situación de inestabilidad que se está viviendo entre Rusia y la Unión Eurpoea se ve con cierta preocupación en el sector, ya que aproximadamente un 25% de la producción de melocotón y nectarina, que se produce en Aragón, se exporta a Rusia.

Por lo que se refiere al consumo, en 2013, según el Panel de Consumo Alimentario del Ministerio de Agricultura, el consumo de frutas y hortalizas descendió un 1%. La producción española de melocotón, nectarina y, principalmente, de paraguayo, ha aumentado en los últimos años, como consecuencia del incremento de la exportación, pero no del consumo. De hecho, según el Ministerio, el consumo per cápita de melocotón disminuyó de 8 a 4,3 kilos por persona, entre 1989 y 2011.

UAGA destaca que, a nivel autonómico, se espera que la mano de obra contratada para la recogida de la fruta sea igual que otros años, unas 15.000 personas. Muchos de ellos son trabajadores que, campaña tras campaña, vuelven a trabajar con las mismas empresas. El sector, además, genera otros puestos de trabajo indirectos y una sólida actividad económica relacionada con el consumo de los medios de producción y con la actividad de comercialización y transformación de los productos cosechados. Además, hay que incluir los trabajos relacionados con otras actividades industriales y de servicios en el medio rural, como equipos de riego, maquinaria, repuestos, manipulación y comercialización.

Además, fomenta el desarrollo de servicios profesionales para incorporar las nuevas tecnologías, como técnicos agrónomos e informáticos, actividades relacionadas con la formación, comercialización, promoción, transportes locales e internacionales, etcétera. Todas estas actividades evolucionan gracias a una sólida base productiva agraria y a su vez contribuyen a consolidarla, permitiendo incorporar un mayor valor añadido y mejorar su competitividad.

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