El 15M vino para quedarse (cambiando)

Hace 3 años las calles de nuestras ciudades se llenaron inesperadamente de gente para expresar colectivamente, y de manera espontanea, en forma de mensajes escritos en pancartas o vociferados en manifestaciones, una serie de ideas bien claras: "no nos representan", "lo llaman democracia y no lo es"," no somos mercancía en manos de políticos y banqueros". Pero lo que se expresaba no eran solamente ideas, sino también sentimientos, deseos, indignación, desafección, rechazo, esperanza y alegría, asociadas a la posibilidad de llevar a cabo un cambio real. De alguna manera, el 15M, presente en casi todas las ciudades del estado, fue la constatación de un cambio del cuerpo social que ya había sucedido. Un cambio producido que tenía que ser expresado para que fuéramos conscientes de él. Si la crisis económica global invadía la vida de los ciudadanos y ciudadanas empobreciéndola, y los dos partidos mayoritarios que se alternan el poder se alejaban del ciudadano adoptando una posición sirviente ante el poder económico financiero global, el pacto social entre ciudadanía y gobierno sobre el que estaba fundamentada la convivencia desde la Transición y la estabilidad del régimen, se fracturaba de forma significativa y probablemente irreversible por primera vez.

Nadie puede pretender que el 15M consiguiera en el mismo momento que surgió la creación de una democracia real que demandaba. El problema se había planteado, la situación ya estaba trastocada, pero obviamente no había en ese momento (ni hay todavía) en la sociedad, la capacidad organizativa ciudadana suficiente como para poder dar consistencia política a ese movimiento y forzar a los poderes de la economía financiera a suspender el pago de la deuda y abrir un proceso constituyente democrático desde abajo. Más, siendo conscientes de que el escenario de la batalla crucial no es el terreno nacional, sino que la crisis política, económica e institucional y sus posibles soluciones se juegan como mínimo en el terreno europeo.

Sin embargo, sí que sólo entonces pudimos ser conscientes de esa debilidad organizativa, y la inteligencia colectiva se activó. Cualquiera puede ver que las iniciativas de autoorganización ciudadana desde el acontecimiento 15M no han parado de surgir: plataformas de afectados por la hipoteca, mareas en defensa de los servicios públicos, iniciativas para perseguir la corrupción, plataformas ciudadanas para hacer auditoría de la deuda, proyectos autogestionados que tratan de dar solución a problemáticas sociales o construir, ya hoy, espacios de mayor justicia y democracia en la vida cotidiana, o iniciativas electorales que pretenden hackear las instituciones desde dentro.

La mayor parte de la sociedad no se cree la imagen de estabilidad política y económica que el gobierno se esfuerza en dar. No, porque los datos macroeconómicos más favorables no tienen que ver con una situación social cada vez más degradada tanto económicamente como en derechos. Y no, porque la amplia mayoría de la ciudadanía no acepta una estructura política tan poco democrática, falta de mecanismos de control ciudadano, atravesada por la corrupción y que tan claramente sirve a intereses que no son los de la población. caracterizándose como antidemocrática e incluso dictatorial.

Desde el establishment los continuos intentos por invisibilizar la ruptura que se ha producido e intentar volver a una situación de normalidad pre-15M son igual de constantes que de frustrados. La legitimidad con la que se gobierna está también fuertemente erosionada dado que la “mayoría absoluta” alcanzada en las últimas elecciones del 2011, que está basada, teniendo en cuenta las opciones de la abstención y el voto nulo, en un 30% del electorado -tres de cada diez ciudadanos con derecho a voto-, no muestra una imagen que corresponda a la situación actual dada la caída del apoyo a los dos grandes partidos que señalan las encuestas, y la desafección que éstas muestran (incluso a pesar de que no suelen estar presentes en sus gráficos opciones que, parece, van a tener un amplio seguimiento, como la abstención, y que hablan junto a otras de un amplio descontento). Y el discurso de acatar los dictados de la deuda y asumir la necesidad de austeridad no ha calado, sino que es ampliamente contestado, en buena medida porque el 15M ha dejado claro desde su nacimiento que detrás de esta crisis económica, de las burbujas financieras e inmobiliarias, lo que hay es una gran estafa al ciudadano.

La necesidad de una democracia real es una realidad que está en la cabeza de una amplia mayoría ciudadana. Aunque no sea un proceso rápido ni sencillo ni definitivo. Nada asegura que vaya a terminar con éxito. Lo que está claro es que para que no vuelva a ser un intento fallido, es necesario que el proceso constituyente, que comenzó con la sociedad debatiendo en las plazas, sea llevado no desde ninguna élite política, sino desde abajo, protagonizado y liderado por los ciudadanos tal y como se prefiguró en aquellos meses de 2011 y en muchas iniciativas posteriores.

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