Cecilia Buil abre la Piedra Bolada, la nueva pared más grande de México

Cecilia Buil ha realizado una nueva primera ascensión a un big wall mexicano en el cañón de Candameña. Haciendo cordada con Sergio 'Tiny' Almada, ha abierto la vía Rastámuri (1.030 m, VI, 6c+/A4) en la cara oeste de la Piedra Bolada, una pared que comienza junto al río igual que el Gigante y que aparentemente se eleva unos 20 o 50 metros por encima de ella, aunque no existen mediciones rigurosas en la zona. En cualquier caso, podría ser el nuevo big wall más grande de México.

La escaladora aragonesa es buena conocedora de las paredes del cañón de Candameña. No en vano, realizó la primera absoluta del Gigante con Carlos García en 1998, con la vía Simuchi (VI, 1.000 m, 6c/A4). El año siguiente, repetían con la apertura de Yawira Batú (VI, 750 m, 6b/A4+) y completó su particular trilogía en el Gigante el pasado otoño, con la apertura de Tehué (700 m, 7a/A3) con Tiny Almada.

"La primera vez que subimos al Gigante ya nos fijamos en la Piedra Bolada, cuya cara sur se ve perfectamente desde allí", explica Cecilia Buil sobre el destino de su última apertura. Sin embargo, aquel big wall tenía varios inconvenientes que entonces les frenaron de intentarla: "Tenía mucha vegetación en los primeros 300 metros y llegar hasta la base de la cara sur es muy complicado, con una cascada y varias paredes superpuestas", narra.

Después de la exitosa experiencia en Tehué, Cecilia Buil y Tiny Almada habían decidido regresar a la zona para abrir alguna de sus múltiples paredes vírgenes. El objetivo que se marcaron fue La Giganta, una bonita pared vecina del Gigante de unos 700 metros de altura. Sin embargo, sus preferencias cambiaron cuando Tiny Almada fue a hacer un reconocimiento previo y fotografías para organizar la logística: "Desde el mirador donde fue a hacer las fotos, se veía la cara oeste de la Piedra Bolada, que nos pareció mucho más bonita que la Giganta; mucho más grande, no tenía la misma vegetación que la cara sur y el acceso era más fácil", explica Cecilia Buil. Sin dudarlo, trazaron una hipótesis de línea sobre las fotografías e iniciaron la expedición.

Quince días en pared

Después de la preceptiva aproximación de 6 horas a pie bajando por el arroyo de Cajurichi primero y siguiendo el río Candameña después, acompañados por Valentín, Isidro y Óscar Cisneros, Cecilia Buil y Tiny Almada invirtieron los siguientes tres días en fijar los tres primeros largos (100 m) y realizar el porteo del agua. Calcularon que necesitarían agua y comida para quince días, que finalmente fue el tiempo exacto que permanecieron en la pared: desde el día 13 hasta el 27 de abril.

Durante esas dos semanas abrieron un total de 24 largos en la roca volcánica del lugar. Una línea que ofrece "una parte de abajo más de artificial, con algunos largos difíciles; que luego atraviesa una zona de techos hasta una repisa inclinada a unos 600 metros del suelo; y a partir de ahí, más escalada libre y más rápida; hay otra repisa más pequeña a unos 130 metros de terminar y los últimos tres largos son muy bonitos y más fáciles", describe Cecilia, quien añade que "la roca en general es muy buena, aunque hemos tirado muchos bloques sueltos". La escaladora aragonesa admite que la parte de abajo también se podría escalar en libre, pero lo compacto de la roca obligaría a colocar muchos parabolts. Al final, ellos pusieron 59 parabolts, 40 de ellos en reuniones.

El buen tiempo los respetó durante toda la escalada, en la que no tuvieron ni un solo día de lluvia aunque sí algo de viento. Una buena experiencia que les deja con ganas de volver a una zona en la que Cecilia ve "barbaridades de posibilidades; está todo por hacer. Quedan un montón de paredes. Nosotros hemos estado viendo la Giganta durante mucho tiempo estos días... y ahí está, esperando".

El nombre de la vía Rastámuri queda como la anécdota divertida de la expedición. Cecilia Buil y Tiny Almada decidieron bautizarla de esta manera en honor de su colaborador Óscar Cisneros, que no sólo les ayudó con los porteos y estuvo en contacto regular con ellos sino que además se ofreció a ir al pueblo y volver a la base de la pared en un día (con caminatas de 6 horas  de ida y 7 horas de vuelta) para ir a buscar las 20 botellas de agua (vacías) que se habían olvidado con las prisas. Aquella gesta le valió el apodo de 'rarámuri' (pueblo nativo mexicano conocido por sus excepcionales corredores), que sumado a su anterior apodo de 'rasta' resulta en Rastámuri.

Comentarios