Quebrantahuesos oscenses rumbo a los Picos de Europa

Dos veces por semana y sólo una durante los meses de verano se repite la misma y necesaria operación. Un guarda del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido descarga en una borda del Parque la comida que ha recogido en mataderos y carnicerías de la comarca y la traslada monte arriba, cargada en una moto provista de oruga, hasta un comedero o muladar. Patas de cordero y huesos son alimento de buitres, milanos, alimoches y, por supuesto, de los quebrantahuesos de la zona.

Este tranquilo y a la vez sorprendente espectáculo está servido en una ladera en el corazón de Ordesa, que puede otearse desde el observatorio que permite a su vez la vigilancia de la plataforma de aclimatación que estos días sirve de residencia a tres pollos de quebrantahuesos.

La nomenclatura H1, H2 y H3 se corresponde con la denominación de tres pollos o crías de quebrantahuesos que, desde la víspera de San Jorge, viven en esta plataforma de aclimatación o hacking. Cuando aún estaban en el huevo, fueron rescatados de nidos con historiales de fracaso reiterado, y en los que la probabilidad de muerte de los ejemplares era muy alta. Tras el rescate, los huevos fueron incubados en el Centro de Cría en Aislamiento Humano de La Alfranca, en Zaragoza, dependiente del Departamento de Agricultura Ganadería y Medio Ambiente y gestionado por la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos.

Allí los pollos pasaron su primeras semanas, cruciales para su desarrollo y en las que fueron atendidos y alimentados en todo momento sin contacto directo con sus cuidadores, gracias al empleo de unas marionetas o señuelos que emulan la forma y comportamiento de los ejemplares adultos a modo de padres adoptivos.

Si todo va bien, a finales del próximo mes de junio los tres pollos pasarán a formar parte del paisaje de los Picos de Europa, dentro de un Programa Life + en el que trabajan la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos y el Gobierno de Aragón junto a otras tres comunidades autónomas. La meta es que en el año 2018 puedan llegar a ser 30 los ejemplares cedidos.

Cuando rondan los dos meses de vida, su peso está entre los 3,7 y los 4,8 kilos, un peso hasta algo elevado para su edad. Los técnicos de la Fundación les alimentan con señuelos en un habitáculo desde el que los jóvenes ejemplares de quebrantahuesos pueden observar el comportamiento de sus congéneres cuando acuden en búsqueda de la comida, pero también las relaciones de estos con ejemplares de otras especies. Con suerte, como ocurrió hace unos días, pueden llegar a avistar a la vez las cuatro especies de buitres de la Península Ibérica: el alimoche, el buitre leonado, el quebrantahuesos y el buitre negro.

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